HISTORIA DEL DEDAL

13 Abr

La historia de este diminuto utensilio es muy antigua; en las tumbas de los faraones se hallaron pequeños dedales de cuero utilizados por las reinas egipcias, muy hábiles en el arte de coser y de bordar.

En China, las damas de la más alta sociedad usan dedales de gran valor. A veces son hechas de perla, especialmente trabajadas y adornados con oro cincelado. Durante la Edad Media, las damas aguardaban bordando, el retorno de los caballeros ausentes, que participaron de las Cruzadas; a veces, un músico distraía las largas horas de espera.

Lo que no podemos contestar con precisión es donde, cuando o quien inventó el dedal. Solo podemos afirmar que se trata de un invento muy antiguo y que el primer dedal fue una especie de un anillo ancho, rugosa en su cara externa para impedir el resbalamiento de la aguja.

En todos los países de Europa y América los dedales son objetos de escaso valor, no así en China, pues no es raro aún hoy día ver dedales chinos adornados con perlas y oro o cincelados como alhajas preciosas y presentadas en estuches de nácar juntamente con agujas igualmente valiosas.

Hay dedales hallados en el norte de Rusia, en Italia y en Francia, hechos con huesos, bronce o marfil, de forma muy semejante a los modernos.
Durante la mitad del siglo XVII, los jóvenes de la nobleza, ofrecían a sus novias dedales artísticos de oro o plata.

El dedal para hombre (sastre) tiene forma de un pequeño cono trunco hueco y abierto en ambos extremos, mientras que el dedal para mujer está cubierta en su parte más angosta, interiormente es liso y exteriormente tiene pequeños dibujos; es ahí donde se apoya la parte inferior de la aguja cuando se cose, evitando así el riesgo de lastimarse con el reiterado contacto.

El dedal se coloca en el dedo medio de la mano derecha y sirve para empujar la aguja, en cada puntada, permitiendo ejercer presionar sin pincharse, usando la fuerza necesaria.

La leyenda dice que el dedal, tal como se conoce actualmente, fue la obra de un joyero de Ámsterdam, Nicolás Van Beuschooten, quien el 19 de octubre de 1648, fabricó y regaló uno a la señora Van Reusselar en ocasión de su cumpleaños, una carta acompañaba el presente, y en ella el joyero suplicaba a la dama aceptar ese homenaje para protección de sus dedos, a pesar de su reconocida habilidad en manejar las agujas.

Entre la descripción de todas las profesiones, desde las más humildes hasta las más valiosas un lugar está reservado al fabricante de dedales rodeado de sus aprendices.
En el año 1531, en Nuremberg, se fabricaban dedales que luego se vendían en todo el territorio bávaro. En esa ciudad como también en Ámsterdam y en Colonia, los dedales se fabricaban a mano, pero en el año 1696 se inventó una maquina para su fabricación en serie y precios relativamente bajos.

Enzo A. Molino

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