FRAGMENTO DE MI NOVELA – MEMORIAS DE UN ESPEJO – EL DÍA DEL LIBRO A MITAD DE PRECIO EN SOUVENIRS CEHEGÍN, VEN A BUSCARLO.

22 Abr

Sabes amigo, tú estas siendo testigo directo de algunas cosas de mi vida, y por supuesto, te conviertes sin pretenderlo, en mi confesor particular.

Llegado éste punto, y antes de seguir plasmando más cosas de mi vida, te voy ha hacer una confesión: En la vida, y a través de la historia, tenemos conocimiento, de que todas las culturas existentes y extinguidas, siempre tuvieron la necesidad de creer en un “Ser Superior”; bien sea para pedirle o para ofrendarle, pero lo que no fallaba nunca ni fallará, es que a todos esos supuestos seres, siempre se les ha adorado como “Dioses”.

Un buen ejemplo a seguir es la cultura Egipcia. El Dios “RA”, “Dios del Universo”, al cual le corresponde la categoría de “Dios Solar” por excelencia. “El sol del medio día es el iris de sus ojos, y navega en su barca surcando los cielos e iluminando el Mundo”.

Yo, también necesito inspirarme en ocasiones, un poco, y busco desesperadamente a esa diversidad de “Dioses” para ello, pero al final tienes que elegir alguno para éste fin.

En éste caso, y tras hablar con alguien que estuvo a saludarme, decidí inspirarme, para pensar, contemplar y valorar la vida y el mundo que nos rodea; y miras hacia lo alto y contemplas esa imperante energía que emana del “Dios Sol de los Egipcios”.

He elegido por un tiempo, a “RA”. Pienso de “RA” que él, es un “Dios Divino”, digno de la más alta atracción hacia él, o ella, porque no olvidemos, que la pronunciación “RA”, es en femenino, de igual modo, que en el Alfabeto Griego, la pronunciación “Dios” es “Rho”, en masculino.

Dicen los egipcios en su antiguo Imperio: “El mismísimo Sol se inclina ante el Faraón, poniéndose, a los pies de su Pirámide en la meseta”. Obsesionados por la vida después de la muerte, quienes gobernaron Egipto, se glorificaron a sí mismos en “Piedra”.

Pienso sobre mí, y estoy convencido, que ésta no es mi primera vida, pero tampoco la última, y estoy totalmente seguro, que cuando la muerte llame a mi puerta, o entre sin llamar, como suele hacer con frecuencia, reaccionaré un poco como los grandes Faraones. ¡Sí! Porque me agarraré fuertemente a sus piedras, como lo hicieron ellos, y arrancaré el texto de una de sus Pirámides del Imperio Antiguo: ¡Agarra tu cabeza, recoge tus huesos, reúne tus costillas, limpia de tierra tu carne! ¡El guardián de la Puerta viene a por ti, te toma de la mano, te lleva hacia el Cielo!

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