Archivo | noviembre, 2017

NOCHEBUENA – ALGO DE HISTORIA.

27 Nov

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Dos noches singulares venimos celebrando desde hace muchos milenios. Puede incluso que muchísimos.

Son la noche de Navidad y la noche de San Juan, correspondientes a los dos equinoccios: el de invierno y el de verano. Y son las dos, fiestas de Natividad o nacimiento (únicas en todo el ciclo litúrgico, pues de todos los demás santos se celebran el día de la muerte). Siendo mala de por sí la noche en todas las mitologías y culturas, el que una sola noche al año sea declarada y llamada Noche Buena, es de alta significación.

La noche es sinónimo de tinieblas y de muerte, pero una sola noche al año es sinónimo de Luz y de Vida. Es la noche de Navidad, la noche en que se celebra el nacimiento (Natividad) de Jesús.

Parece que en el inicio de la organización del calendario de fiestas y conmemoraciones cristianas, se celebraba el nacimiento de Jesús el 6 de enero, atendiendo no tanto al hecho de nacer, sino al de incorporarse a la humanidad. Por eso se la llamó Epifania (Epifanía), que significa “aparición”.

Pero no había manera de acabar con las fiestas paganas del solsticio de invierno, que en tiempo coincidieron con las Saturnales, por lo que la Iglesia decidió renunciar a su eliminación y optar por su cristianización. Dejando, por tanto, la fiesta de la Epifanía, instituyó la fiesta de la conmemoración del Nacimiento de Jesús y la situó justamente el 25 de Diciembre, fecha en que se estaban celebrando las fiestas paganas del solsticio de invierno. Y porque éstas eran fiestas en que se celebraba el fin del alargamiento de la noche y el principio del alargamiento del día, asimilado a los ciclos vitales de la naturaleza (incluida la humana), hubo de ser el nacimiento y no la “aparición” de Cristo lo que se celebrase.

Otro tanto ocurrió con la fiesta de San Juan.
Sólo podemos entender el conjunto de las fiestas de Navidad que empiezan con la Nochebuena (las Saturnales en Roma tuvieron una duración de 7 días, igual que nuestras fiestas de Navidad, año viejo y Año Nuevo); sólo podemos aparcar los prejuicios religiosos que todavía alimentan algunos en torno a la Navidad,  si entendemos que éstas son fiestas de la humanidad, que por cierto, ya entre los romanos se caracterizaban por su humanidad (invitaban a los esclavos a comer a la mesa, les liberaban del trabajo, se intercambiaban regalos…) y que tampoco fueron los romanos los que las instauraron, sino que las heredaron de muy antiguo.

Una curiosidad: “Nochebueno” se llama a una torta especial de Navidad hecha de frutos secos, y a un tronco grande que se quemaba en la chimenea en “Nochebuena”.

Anónimo.

 

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LA BRUJA BEATA – (Blog, Paseando por la Historia)

27 Nov

A principios del siglo XVI, la toledana Leonor Brazana fue uno más de los descendientes de judíos a los que la Inquisición persiguió con saña. Su padre, un tal Garci Vázquez, cambiador de oficio, había sido quemado por judaizar, mientras que su tío paterno, Rodrigo Ortiz, fue condenado a llevar el sambenito por el mismo motivo. Para evitar problemas, Leonor adoptó el apellido de su madre, Francisca Barzana, que se salvó en el proceso contra su marido gracias a la protección de un canónigo. Una vecina testimonió que había oído varias veces a Leonor decir que los inquisidores habían matado a su padre, y ello sin culpa alguna de su progenitor, sino por ser ellos “bellacos y traidores”.

En su barrio, Leonor era conocida como “beata”, por el hábito franciscano que llevaba y que distinguía a cierto tipo de mujeres laicas que se entregaban a la oración. El término, sin embargo, también se aplicaba a mujeres que aseguraban poseer dotes sobrenaturales propias de la magia, como era el caso de Leonor, según indican varios testimonios.

Una vecina la visitó una vez para pedirle noticias sobre su marido, ausente desde hacía tiempo. La beata le dijo que había tenido la revelación de que el marido estaba muerto, pero la instó a rezar a la Virgen y a San Juan Bautista durante nueve días, y a punto de cumplirse el plazo reapareció el esposo. “Grande es esta oración de la beata”, dijo la vecina. Otros la llamaban “la estrellera” y la calificaban de “mujer soberbia y fantástica y muy recia de ánimo […] que no hay quien pueda con ella”.

Cuando otra vecina se puso de parto, la beata salió a la puerta con una candela encendida, musitó unas palabras y tuvo una visión profética: contempló el cielo abierto entre rayos y un pájaro le rozó la cara a la altura de la nariz. Al nacer el niño, la beata insistió para que lo llamaran Gabriel y le pronosticó que sería un sabio religioso.

Todos estos episodios salieron a la luz en el proceso que se le instruyó en 1530. Se la acusaba de alardear de su estirpe judía y de prácticas mágicas. Tras reafirmar su adhesión al catolicismo, fue castigada con cien azotes y salió en un auto de fe. Seis años más tarde, Leonor fue encausada otra vez. Nuevos testigos declararon haberla oído alardear de sus poderes, que incluían hundir una casa o invocar las ánimas. Otra mujer dijo que le había dado una receta contra la infertilidad. Fue condenada de nuevo a azotes y encerrada en la cárcel, por supersticiosa y perjura. Sólo salió para marchar al destierro.

Fuente:
* Historia National Geographic. Nº 161

El sombrero a lo largo de la Historia (Blog, Paseando por la Historia)

27 Nov

El adorno en la cabeza ha sido desde la más remota antigüedad uno de los rasgos que confirmó nuestra independencia y despego de las otras especies. Ningún otro mamífero adorna su cabeza con ningún otro tipo de complemento.

Llevar un sombrero nunca ha sido un acto banal, sino lleno de significación pues se creía que confería atributos mágicos y socialmente destacables a quienes lo lucían en su cabeza.

Las diosas de la fertilidad, repartidas por yacimientos de toda Europa, nos dan una buena prueba de ello. La conocida Venus de Willendorf, ya nos mostraba como las mujeres utilizaban una especie de redecilla para el cabello que confeccionaban con fibras vegetales.

Los primeros sombreros fueron confeccionados con pieles de animales para protegerse del frio, sobre todo en las latitudes del norte. En las zonas con climas más benignos y cálidos los sombreros se hacían con juncos o pajas, pues como su propio nombre indica el sombrero fue concebido para dar sombra.

Proteger de las inclemencias del tiempo es una de las funciones más prácticas del sombrero pero no la única. Adornar la cabeza como la parte más sobresaliente del cuerpo permitía a los gurús o chamanes añadir una función estética y emblemática a su “poder”.

El sombrero, durante mucho tiempo, ha sido un signo distintivo del poder. De ahí la costumbre de no descubrirse en sitios cerrados, incluso en los templos, ni las señoras, ni los militares, ni los monarcas.

Ni los griegos ni los romanos fueron amantes de los adornos en la cabeza. Sin embargo, los atletas si eran distinguidos con una corona de laurel en su cabeza como señal de inmortalidad.

Amén del adorno en la cabeza, otra de las funciones que ha tenido el sombrero a lo largo de la historia, es proteger las cabezas con sombreros metálicos, para acudir a las batallas y otros conflictos armados. Troyanos y griegos desarrollaron uno de los sombreros más prácticos que se haya inventado nunca: el casco.

Se crearon cascos sencillos, cuya única función era la protección de la zona de la cabeza, y otros, como los de los romanos, que además de tener la función de protección de la cabeza tenían una función de intimidación adornándolos con todo tipo de símbolos que añadían un cierto “poder” a quienes los llevaban. Por ejemplo, luciendo plumas o pelo de animales que fueran conocidos por su valor o por su crueldad.

El casco de guerra ha seguido evolucionando hasta nuestros días convirtiéndose en compañero inseparable del uniforme militar.

El tamaño del sombrero, a lo largo de la historia, siempre ha pretendido engrandecer a su portador. Pero no solo engrandecer sino “proteger”, como es el caso del morrión o chacó francés cuyo objetivo, dado su gran tamaño, era “equivocar” la posición de la cabeza para que la bala se perdiera en el enorme gorro.

Durante siglos los soldados han carecido de uniformes durante las batallas. Para poder diferenciar al “amigo” del enemigo en el combate se le añadía un lazo de color al sombrero como distintivo. En el caso de España el lazo era de color rojo.

Siguiendo con la evolución del sombrero, en la Edad Mediael término francés “chapeau” se utilizó para referirse a todo tipo de coronas de flores que se lucían sobre la cabeza. Un adorno que gustaba mucho a las jóvenes de aquella época. Con el paso del tiempo esta costumbre decayó y el término chapeau pasó a utilizarse solo para denominar a los sombreros para el hombre.

La obligación de cubrirse la cabeza, en el caso de las mujeres, parece ser que viene de la imposición por parte de la Iglesia de que las mujeres casadas no podían mostrar el cabello. A partir de ese momento, en la baja Edad Media podemos empezar a hablar de los velos, los mantos… hasta llegar a los grandes y exagerados tocados del final de la Edad Media, como los sombreros puntiagudos -tipo cucurucho- que algunos historiadores relacionan con los pináculos de las catedrales góticas.

Mientras casi toda Europa en la época medieval las señoras lucían complicados sombreros, las damas españolas e italiana lucían sombreros mucho más sencillos y naturales.

La variedad de sombreros y tocados es muy amplia a lo largo del Medievo, pero el pueblo se decantaba por aquellos sombreros que les protegían de las inclemencias del tiempo, es decir, del sol, del frío y de la lluvia.

Durante el siglo XVII España marca las pautas en la moda de los sombreros. Se llevan con plumas y son de ala ancha, y muy flexibles. De este tipo de sombreros surgió el bicornio, un sombrero utilizado por la nobleza para diferenciarse de las clases bajas. En el sombrero bicornio, cuando casi se juntaban las dos alas, en la frontal se solía colocar algún tipo de adorno como un galón o un adorno de plumas. Uno de los sombreros bicornios más conocidos en el mundo ha sido el de Napoleón. El tricornio, sigue la misma técnica que el bicornio, es un sombrero de ala ancha al que se le levantan tres solapas en sentido vertical.

En el siglo XIX la diferencia de clases quedó muy clara en la utilización de gorras por parte de la clase obrera y sombreros de copa por parte de las clases más acomodadas. El sombrero de copa, no solo acompañaba al chaqué y al frac , sino que fue utilizado como signo de distinción y elegancia durante más de un siglo. En el entorno del mundo del campo, más que las gorras se utilizan las boinas, asociadas al mundo rural.

Llegado el siglo XX el sombrero se convierte en un accesorio de moda. Aunque pocos hombres o mujeres se atrevían a salir a la calle sin su sombrero. Costumbre que se fue perdiendo poco a poco.

Fuente:
* https://www.protocolo.org/social/vestuario/historia-y-origen-del-uso-del-sombrero.html

EL SURTIDOR DEL BRUNO – ARTÍCULO Y FOTO FOB.

27 Nov

Copia de 49-

Mediados de los años 50 o poco más, nos deja una estampa como esta, de lo que aquéllos años daba como fruto – que en este caso – lo que daba era gasolina para repostar unos cuantos vehículos cehegineros y, los propios coches del “Bruno”.

De igual modo que una gran mayoría de vosotros, yo tuve la oportunidad de conocerle, y también a Isaías, su chófer, puesto que que ofrecía un servicio público como taxi, a la par que los “Celedonios”.

Este surtidor, aún se conserva en casa de un particular que lo tiene expuesto al visitante, como tantas otras cosas que son verdaderas piezas de museo.

Tengo entendido, que por aquélla época, es posible que fuera el único surtidor, a no ser que, hubiese alguno más y que yo desconozca o no lo recuerde.

De cualquier forma, esta es la estampa que os dejo a modo de memorias de nuestro pueblo, como una pincelada más de aquélla nostalgia que nos queda a quienes sí la vivimos.

Francisco Ortega Bustamante.

¡SANTA CECILIA! – ESCUELA MUNICIPAL DE MÚSICA – CEHEGÍN – GALERÍA FOB.

22 Nov

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CEHEGÍN – “RESCATANDO LA HISTORIA”

16 Nov

PORTADA NUEVO PARA IMPRIMIR

ceheginpaco@hotmail.com