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LA VIDA DE ANTES…

19 Oct



A quien se dé por aludido…

• Porque en este país hay una generación de chicos y chicas que crecimos con la EGB.

• Nuestras madres quitaban el polvo con “Centella”, lavaban la vajilla con un bote blanco con el tapón naranja de “Mistol”, y al Jabón de “Marsella” le llamaban “Lagarto”.

• Nuestros padres conducían un Seat 131 Supermirafiori.

• Nuestras bicis eran “BH” y nuestras primeras zapatillas de deporte fueron unas “Paredes”, aunque a nuestras madres les gustaran más los “Kickers”.

• Nos cortaban el pelo “a navaja”. Todos veiamos sólo TVE, aunque podíamos elegir entre el UHF y el VHF.

• Todos bebíamos gaseosa “La Casera” o “La Pitusa”. Los hombres fumaban “Ducados”. Los chicles eran “Cheiw” y los caramelos “PEZ”.

• La gente dormía de miedo en cochones “Pikolín” y el Athletic de Bilbao y la Real ganaban las Ligas por pares hasta que a Butragueño le dio por enseñar los huevos.

• A Sabrina se le escapó una teta en la Gala de Nochevieja y en todo el pais no se habló de otra cosa hasta el mes de marzo.

• A Alaska le dejaban presentar un programa para crios en la tele y Pancho, el de “Verano Azul”, todavía no se metía picos.

• Una Señora le contaba a “Encarna de Noche” que se le quemaba el hijo en Alcobendas porque tenía las empanadillas haciendo la mili.

• Una caja de 12 “Plastidecores” era un buen regalo de cumpleaños y por uno “color carne” eras capaz de matar. Las cajas de 24 eran como Bin Laden, existían, pero nadie las había visto.

• Una bolsa de pipas “Facundo” de 15 pelas era enorme y por una peseta te daban dos “Sugus”.

• Repartían Albumes a las salidas de los colegios para engancharte a la colección. Los sobres de cromos costaban 5 pelas, pero también te los daban con las tapas de los Yogures “Yoplait”.

• En aquel pais de menos de 5000 dólares de renta per cápita, nos daban dos “Petisuis”, pero es que antes eran la mitad de tamaño.

• Las “María” eran “Fontaneda”, los camiones “Ebro” y las furgonetas “DKV”.

• El camión del butano tocaba la bocina, y los críos nos hacíamos brechas en los hierros oxidados de los columpios y nuestras madres nos daban algún cachete por romper los pantalones.

• En vez de un Magnum Almendrado, pedías un “polo de limón” y a veces, el chocolate era “La Campana de Elgorriaga” (Malo, malo, malo)

• Las pilas “Tximist” solían romperse cuando se agotaban en nuestros casettes “mono” y los tebeos de “Mortadelo” pasaban de mano en mano.

• Hubo muchas niñas cuya primera colonia fue “Chispas”. Y no había cartones de leche en tetra brik, sino que la leche venía en bolsas de plástico que necesitaban un recipiente para meterse en la nevera, y el detergente venía en tubos redondos.

• Y en vez de grabadoras de DVD y CD-ROM, te ibas a casa de tu colega con radiocasette de doble pletina a llenar una TDK de 90 minutos de juegos para spectrum 48k.

• Y con la teleindiscreta regalaban pegatinas de UVEEEEEEEEEEE!!!

• Aquella generación coleccionábamos cochecitos “Güisbal”, y el helicóptero de “Tulipán” aterrizaba en las piscinas para regalar bocadillos en los anuncios de la tele.

• Aquella generación empleábamos el vaso de “Nocilla” para dibujar a Naranjito. Así que la Nocilla, ni mentarla. Además, es “leche, cacao, avellanas y azúcar”. A saber que le echarán a la Nutella esa.

Autor: Desconocido

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EN MEMORIA DE UNA DÉCADA – PRESENTACIÓN DEL LIBRO CEHEGÍN MAGIA Y MISTERIO I PARTE – A LA VENTA EN SOUVENIRS CEHEGÍN…

18 Oct



Después de la exitosa presentación de este trabajo, compartida con la nutrida asistencia de público a dicho acto, además de mi general agradecimiento, quise hacer un punto y aparte a lo largo de ésta, para dedicarle una mención especial y agradecimiento, a mi buen amigo y gran persona como es Francisco Jesús Hidalgo García, que ha sido el encargado de prologar esta obra con su alto nivel de conocimiento y su concepto de la parte mas humana, haciendo que sus palabras escritas , calen hondo, es por eso que no sólo le he querido dejar este apartado para él , sino, que mis claras intenciones, son de poder hacerlo resaltar en todos los medios y en la medida en que merece este Prólogo, como grandes puertas que se te abren para acceder al interior de mi trabajo y de mi persona.

Es un prólogo que todos debemos leer para conocer mucho mejor el contenido de la obra y, a la persona de Jesús en la elaboración de este emblema de su trabajo.

Muchas gracias Jesús, pues si no mencioné el prólogo en esa presentación, está claro que quería hacerte una mención especial como agradecimiento por tu amistad y dedicación sin cortapisas.

PROLOGO

Mi buen amigo Francisco Ortega, me pidió, hace un tiempo, prologar la obra que el amable lector tiene ahora en sus manos. Era un libro necesario, y así lo digo.

Como comprobarán ustedes más adelante, el libro, de título, “Cehegín, Magia y Misterio”, consta de dos partes diferenciadas, una primera relativa a la Santa Inquisición, brujas y procesos inquisitoriales y una segunda sobre lugares y hechos con encanto en Cehegín.

El autor, como buen historiador, maneja las fuentes documentales, que aporta, para dar solidez a la primera parte de este libro. La obra sugiere una hermosa relación entre las fuentes escritas y la investigación histórica basada en la documentación, fundamentalmente, en su primera parte, y las fuentes orales, los topónimos y la cultura popular en la segunda.

Como decía anteriormente, una parte importante del libro, fundamentalmente la segunda, está sustentada en los pilares de la tradición oral, elemento importante que muchos autores dejan al margen, pero que se antoja fundamental para el estudio histórico, social, etnológico y antropológico por tratarse de fuentes que, como fanal o piedra miliaria, aportan unas veces la dirección, otras la distancia y, en muchos casos ambas, sobre la vida y la historia de un pueblo.

Paco, trabajador incansable en busca del conocimiento y la investigación sobre fuentes orales, ha escrito varios libros, como ya sabemos, a partir del trabajo de campo de muchos años basándose en hechos históricos antiguos o curiosidades transmitidas oralmente.

Hace el autor en primer lugar un buen estudio, sencillo, ameno en su lectura, en un planteamiento más divulgativo que científico, pero con unos sólidos cimientos, sobre la Santa Inquisición y la brujería, con la aportación de documentos referentes a procesos inquisitoriales a diversas personas que fueron naturales de Cehegín o bien residentes en ella. Nunca como en los siglos XVI y XVII se llegó a tal extremo de fanatismo religioso en España. Cuestiones banales como barrer o no la puerta de la casa en sábado podían llevarte, ante la denuncia de un mal vecino, ante el tribunal acusado de judaizante.

Las brujas eran, ni más ni menos que personas que habían mantenido tradiciones ancestrales sobre ritos y curaciones, que, a veces tenían un origen prerromano. He ahí el acierto del autor al plantear este tema, ya que la vida cotidiana giraba siempre en torno al qué hacer o qué no hacer, al miedo al “con la Iglesia hemos topado”. La vida giraba en torno a una concepción del mundo que no era para todos igual y que, a veces, distaba mucho de la idea oficial impuesta.

Evidentemente en el mundo rural desde la antigüedad se habían mezclado ideas y conceptos religiosos y morales clásicos, prerromanos y cristianos que formaron una amalgama que perduró hasta tiempos muy tardíos. Una de las funciones de la Santa Inquisición es acabar con todo lo que vulnerara o atacara las raíces cristianas y el pensamiento impuesto. La mayoría de la gente, en la Edad Media, sabía lo que sabía siempre por tradición oral e intercambio de conocimientos de generación en generación, pues el don de la lectura estaba reservado a muy pocos. Ello hizo que ritos y creencias ancestrales perdurasen durante miles de años en la mentalidad popular.

La Inquisición tiene mucho que ver con la cultura popular y ello el autor lo sabe y así lo transmite. La cuestión de la religiosidad popular anda profundamente enraizada y siempre aparecerá como objeto de investigación, y también de castigo, en los procesos inquisitoriales. Afirma el eminente historiador italiano Oronzo Giordano (1 ):

“En el área de la religiosidad, hecha de ritos externos y de íntimas creencias, no es posible cuantificar el peso de la fe, discernir con exactitud el grado de adhesión espontánea o de constreñimiento, valorar en suma con precisión la costumbre religiosa y las actitudes espirituales libres y autónomas. Pero, si las conciencias son impenetrables, es posible al menos analizar los aspectos externos, recoger los signos, incluso los más pequeños, de su vida y de sus exigencias. La fisiología de la religiosidad popular presenta una estructura compleja y varia, con formas expresivas unas veces de simplicidad lineal, y otras, de inesperadas contradicciones.

La historia de los individuos o de los grupos, circunscrita a tiempos breves, es de suyo fragmentaria, episódica, ligada a la vicisitud precaria e imprevisible de la vida cotidiana, de los acontecimientos menudos, que se traducen en apuntes de crónica, en notas de color, en un diario de impresiones cogidas al vuelo. “

A mi entender, con referencia a la segunda parte, más que magia es encanto lo que transmite el propio nombre de la Cruz de la Doncella, la Piedra del Milagro, la Cueva de la Encantá, los recuerdos entrañables del tío Billares, un hombre centenario con una lucidez que maravilla. Son hechos y lugares que no suelen aparecer en la historia oficial, pero que ahí quedan para ser investigados como magníficamente ha hecho Francisco Ortega a lo largo de más de 40 años. He aquí lo que se viene en llamar microhistoria. La historia latente, la no oficial, la que se hace día a día y con el tiempo se pierde de la memoria colectiva, permaneciendo sólo y únicamente a través del boca a boca, de generación en generación de padres a hijos o abuelos a nietos o en rastros documentales difusos.

Paco Ortega es, ante todo, y, a mi entender, un ejemplo de estudioso dedicado a esta rama de la historia. Él busca y rebusca, analiza, estudia, profundiza en todas todos esos acontecimientos y personas que nunca aparecerán en las fuentes oficiales. Le gusta comprender lo cotidiano de la vida en otros tiempos y también en el actual y es algo que se le debe de agradecer. Es, en cierto sentido, una bocanada de aire fresco.

Dice el autor, como verán, en la introducción: “Casos reales acaecidos y nombres puestos por algún motivo especial. Algún trágico suceso…que dejó una historia en el saber popular y, que gracias al “testigo” pasado de padres a hijos o de abuelos a nietos, aún podamos recuperar parte de ese misterio de las entrañas de la empolvada alfombra del tiempo.”

El Muladar, la Peña Rubia, la Cruz de la Doncella, la Capellanía, el Huerto de la Orden, el Paraíso, la calle del Pozo… Piense cualquiera de los lectores en lo que supone cada uno de estos topónimos y, si tiene ciertos conocimientos de historia local, lo que encierra cada uno de estos nombres. Con cada uno de estos topónimos podríamos escribir un libro, sin ninguna duda, y cada uno de ellos nos aportaría elementos de todo tipo, desde económicos hasta sociales y religiosos. Pues bien,

Francisco Ortega en este libro nos propone una lectura desde el conocimiento y a sabiendas de que estos lugares y las personas que también quedan reflejadas, junto a otros muchos más que no aparecen en la obra, son base de partida para el trabajo sobre la historia y las tradiciones de este pueblo.

Se trate o no de magia y misterio el autor desentraña la historia local de Cehegín, aportando datos, conjeturas, buceando en fuentes no escritas y preparando el camino para una verdadera historia local que aúne las fuentes oficiales con las que emanan de la vida cotidiana y no están escritas, lo cual resulta fundamental para poder entender la evolución moral, social y económica de una sociedad.

Francisco Ortega Bustamante aporta, con éste, un nuevo libro a su ya extenso currículum y con él nos llega más conocimiento, que es lo que solicitamos, sobre nuestra tierra, sus gentes, sus tradiciones, y, en fin, de su historia que es la nuestra y lo que nos define como lo que somos y lo que queremos ser.

Notas:
(1) Giordano, Oronzo. Religiosidad Popular en la Alta Edad Media. Edit. Gredos. Madrid. 1995.
Edición original: Giordano, Oronzo. Religiositá Popolare nell´ Alto Medioevo. Adriática Editrice. Bari, 1979

Francisco Jesús Hidalgo García

ALGUNOS PEQUEÑOS CONSEJOS PARA TENER EN CUENTA LA NOCHE DE HALLOWEEN

18 Oct

CARTEL HALLOWEEN

– Si la llama de una vela de pronto cambia de color amarillo-rojo al azul, eso significa que hay un fantasma cerca de nosotros.

– Si queremos asustar a un alma en pena (muy útil si nos pasa lo anterior) lo que hay que hacer es tocar una campanilla, entonces ser irán como alma que lleva el diablo.

– La presencia de mascotas es asimismo muy útil para mantener alejados a los espíritus.

– Las velas que se encienden en Halloween no deben usarse en ninguna otra época del año, trae mala suerte y pueden pasar cosas que escaparan a tu control.

– Según un antiguo ritual celta, cuando se encendían grandes hogueras en este día, cuando el fuego se extinguía con las mismas cenizas dibujaban un circulo alrededor de la hoguera, luego eran colocadas pequeñas piedras por cada miembro de las familias participantes en la parte interior del circulo, al día siguiente si por alguna causa alguna de las piedras no estaba en su sitio o había sido dañada el que la hubiera puesta ahí la noche anterior, ya podía ir haciendo testamento y ponerse a rezar porque la muerte vendría a buscarlo en un plazo máximo de doce meses. Así que si se os ocurre seguir este ritual celta y colocar piedrecitas, mejor no ir a verlas al día siguiente, por si acaso……

– Si una señora, por casualidad, se pone de parto y da a luz esa noche, que sepa que su hijo podrá ver y hablar con los espíritus.

Así que, en la próxima Noche de Halloween, divertiros, si, pero tened cuidado si de repente sentís un escalofrío en la nuca……. No será porque no os he avisado……….

Publicado en el blog de:

El Trolley de Nieves

 

HISTORIA DE HALLOWEEN – ARTÍCULO Y GALERÍA.

18 Oct

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La palabra “Halloween” es una contracción de la expresión inglesa “All Hallow’s Eve”. Literalmente, significa “Víspera de Todos los Santos”. Aparentemente, pues, esta celebración macabra y humorística anglosajona estaría vinculada a una fiesta solemne y considerada como de estricta observancia por la Iglesia Católica: el Primero de Noviembre, festividad de Todos los Santos. Pero esto no es del todo cierto.

¿Cuáles son los orígenes de Halloween? El verdadero origen de esta fiesta anglosajona es milenario y de variada procedencia. Halloween tiene una raíz céltica y otra romana. Los romanos dedicaban la fiesta denominada Feralia al descanso y la paz de los muertos, haciendo sacrificios y elevando diversas plegarias a sus dioses paganos. También los romanos dedicaban una festividad a Pomona, la diosa de las cosechas y los frutos, cuyo símbolo es una manzana -obsérvese que uno de los juegos tradicionales del Halloween es el juego de morder la manzana (bobbing for apples)-. Pero con anterioridad, ya los pueblos celtas de Irlanda, Gales, Escocia y norte de Francia, celebraban la festividad llamada Samhain. Samhain o La Samon era un festival que ocurría entre finales de octubre y principios de noviembre, un rito en que se celebraba el final de la temporada de las cosechas y el comienzo del invierno. Los druidas, auténticos sacerdotes o chamanes célticos, creían que en una determinada noche, la del 31 de octubre, las brujas gozaban de mayor vitalidad, a los propios druidas se les concedía el don de adivinar el futuro, los límites entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos desaparecían completamente, e incluso, que los fantasmas de los muertos venían del otro mundo a llevarse consigo a los vivos. Por eso, en la noche de Samhain los druidas preparaban enormes fogatas y hacían conjuros, intentando ahuyentar a los malos espíritus, y la gente dejaba dulces o comida a la puerta de sus casas, en la superstición de que los difuntos, a quienes las leyendas les atribuían la autoría de las más crueles atrocidades, se irían contentos y les dejarían en paz. En aquellas gentes, para las que cualquier hecho de la naturaleza era poco menos que profético, la noche de Samhain abría el largo y crudo invierno por el que vagaban perdidos los fantasmas de los muertos del último año en busca de cuerpos que poseer para transitar al otro mundo, hasta la llegada de la primavera cuando los días son más largos y las tinieblas menguan.

Cuando el Cristianismo llega a los pueblos célticos, la tradición del Samhain no desaparece, pese a los esfuerzos realizados por la Iglesia Católica para eliminar supersticiones paganas que pudieran entroncar con el satanismo o culto al diablo. Sin embargo la fiesta del Samhain sufre alguna transformación. En el calendario gregoriano, el 1 de noviembre pasó a ser el día de Todos los Santos; el Samhain, la víspera de Todos los Santos, pasó a denominarse All-hallows Eve y, actualmente, por contracción de la expresión, Halloween; y por su parte, el Día de los Todos los Difuntos o Día de Todas las Almas pasó a ser el 2 de noviembre. Las tres celebraciones juntas, “Eve of All Saints”, “Day of All Saints”, and “Day of All Souls”, se denominan en la tradición irlandesa Hallowmas.

A mediados del siglo XVIII, los emigrantes irlandeses empiezan a llegar a América. Con ellos llegan su cultura, su folclore, sus tradiciones, su Halloween… En un primer momento Halloween sufre una fuerte represión por parte de las autoridades de Nueva Inglaterra, de arraigada tradición luterana. Pero a finales del siglo XIX, los Estados Unidos reciben una nueva oleada de inmigrantes de origen céltico. La fiesta de Halloween, en América, se mezcla con otras creencias indias y en la secuela colonial, el Halloween incluye entre sus tradiciones el contar historias de fantasmas (telling of ghost stories) y la realización de travesuras (mischief-making), bromas (fortunes) o los bailes tradicionales. La gente comienza a confeccionar disfraces (disguises) o trajes para Halloween (Halloween costumes).

Así, en Estados Unidos, Halloween, evoluciona y se desentiende de la tradición cristiana. Halloween se convierte en una noche con aura de débil misterio, brujas, fantasmas, duendes, espíritus, pero sin que se pierda el ánimo festivo y el buen humor. Una noche de dulces, bromas, disfraces y películas de terror, perdidos ya los miedos atávicos de los viejos ancestros irlandeses.

(El Rincón del Vago)

 

ESTO TAMBIÉN ES CEHEGÍN -ARTÍCULO Y FOTO FOB.

9 Oct

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En ocasiones, nos resulta desconcertante por unos minutos, coger el hilo de la orientación ante una perspectiva de un lugar a la que es poco frecuente ver en publicaciones.

El caso es que ahí tenemos la Ermita de la Virgen de la Peña en la cumbre de su milenario promontorio, que con un paisaje excepcional, nos ofrece verdaderas maravillas para el alma y para todo el ser en su pura comunión con la propia naturaleza.

Un lugar mágico y apretado de leyendas en el tiempo, sí, verdaderamente legendario como ya he anticipado, pues no en vano, arrastra una muy nutrida cantidad de historia real que, desde su Castillo Fortaleza como uno de los enclaves más notables del Noroeste Murciano y, hasta la conservación de su Ermita en la actualidad, en la que guarda y custodia a la que fue patrona de Cehegín y todas sus pedanías, incluso la celebración de sus fiestas en el lugar, no está exenta como digo, de otras muchas leyendas que enriquecen aún más este estratégico enclave.

La piedra del Milagro. Las galerías que se dicen bajaban hasta el río para abastecerse de agua o salidas de emergencia en caso de asedio. Las rogativas en romería para pedir que llueva en caso de sequías y, hasta la supuesta milagrería que de alguna manera, la propia fe ha puesto la mitad del milagro de una o varias curaciones. Esos testimonios en el tiempo de quien tuvo sus propias experiencias en viva carne.

Un punto este, desde el que se puede disfrutar de sus dos vertientes, las cuales, nos ofrecen desde su lado oeste, unas vistas de un Cehegín excepcional, mientras que hacia el este, nos encontramos con esa tarta de huerta ceheginera y el ya amplio mar de plástico en donde se cultiva una gran producción de flor cortada, pero que si levantamos la mirada hacia el horizonte, nuestras montañas cargadas de masa forestal, nos ofrecerán esa rica y basta extensión que nos permite estar a la cabeza en esa masa forestal de la región de Murcia, con una extensión de término municipal de aproximadamente unos 300 Km cuadrados.

 

Francisco Ortega Bustamante

EL NOMBRE DE MARAVILLAS

10 Sep

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 No son menester grandes pesquisas para afirmar que el nombre de Maravillas, aplicado a la patrona de Cehegín, no fue invención del Padre Francisco Moreno. Algún osado, contra toda evidencia histórica, ha llegado a escribir que la advocación de Maravillas no la había llevado ninguna imagen antes de la Virgen de las Maravillas, de Cehegín. Quién fue capaz de estampar tan solemne disparate, si aún no  ha llegado a su noticia la conferencia que di el año 2000 (tres veces en Cehegín y una en Mataró) sobre las múltiples “Vírgenes de las Maravillas”, esperemos que, al menos de ahora en adelante, no se atreverá a repetir tamaño error. Recuerdo, a este respecto, el “faratute” que casi le da a un joven ceheginero, al decirle yo que había varias Vírgenes de las Maravillas, y que algunas eran anteriores a la de Cehegín. Me replicó, lívido y desencajado: “¡Y yo que me creía que nuestra Virgen de las Maravillas era la única! ¡Se me han caído los palos del sombrajo!”

 Está claro que el P. Moreno, encaprichado del nombre de Maravillas, determinó ponérselo a la nueva imagen mariana encargada a Nápoles; y ya antes de venir la Virgen a Cehegín, se fue difundiendo ese nombre por el pueblo. Según él mismo cuenta, la víspera de llegar la imagen, la gente cantaba por las calles una copla, inspirada, sin duda, por él: “Esta noche es nochebuena y no es noche de dormir, porque la Virgen de las Maravillas por mañana ha de venir”. Salta a la vista que el P. Moreno tenía pensado y repensado el nombre, antes de que la imagen arribara a Cartagena, pues allí mismo se lo impuso, previo sorteo cinco veces repetido, en el que su papeleta salió siempre ganadora, sorteo que volvió a repetirse en Cehegín con idéntico resultado.

 ¿Conocía el P. Moreno el nombre de Maravillas, ya existente? No puede caber la menor duda, según vamos a demostrar. La Virgen de las Maravillas más famosa en España era, a la sazón, Ntra. Sra. de las Maravillas, de Madrid, muy popular ya en el siglo XVII, bajo el reinado de Felipe IV. Huelgan todas las elucubraciones sobre qué imagen de las Maravillas pudo influir en el P. Moreno para decidirse a adoptar ese nombre, desde el momento en que consta, por su biógrafo, que “salió un excelente misionero, y llegó repetidas veces a misionar en la corte de Madrid”. ¿Se imagina alguien que el P. Moreno, el amartelado “Loco de la Virgen”, hubiera dejado de visitar a la popularísima Virgen de las Maravillas, en sus estancias en Madrid? Esta predilección del P. Moreno por el nombre de Maravillas no obsta a la interpretación tradicional de que ese nombre presagiaba las maravillas de la gracia que la sagrada imagen había de obrar entre sus devotos; y que esa aspiración o deseo del fraile tal vez fueron los que lo inclinaran a preferir tal nombre. Ni cabe tampoco descartar que la elección del nombre de Maravillas se debiera a las maravillas artísticas que el fraile iluminado confiaba ver en la imagen ensoñada, sueños que el escultor logró plasmar en la incomparable efigie. A menos que le concedamos, obviamente, al P. Moreno dotes de profeta o adivino, ¿cómo podía él escoger un nombre que aludiera a la extraordinaria fuerza milagrosa de la imagen, ansiada y presentida, pero aún no experimentada, o a su fabulosa perfección artística, pero jamás imaginada? Quede, pues, bien asentado que, para 1725, estaba harto divulgado el nombre de Maravillas, desde un siglo atrás al menos, y no sólo en Madrid, sino por España entera. Así, lo atestigua el carmelita P. Antonio de Santa María: “Las Religiosas Carmelitas Recoletas gozan de la milagrosa imagen de Nuestra Señora, que llaman de las Maravillas, bien conocida en España por sus prodigios”.

 Si al P. Moreno le embelesó y entusiasmó el nombre de Maravillas, quizá fue porque preveía en él un contenido especial, ya que soñaba con una imagen que fuera realmente un compendio de maravillas, tanto por su portentosa figura, como por su prodigiosa virtud taumatúrgica. Pero, lo que sí está claro es que el P. Moreno no se inventó un nombre que ya existía, sino que hubo de tomarlo lógicamente de alguna de las imágenes veneradas bajo ese título en España por aquel entonces. Lo único que puso el padre fue su tenaz empeño en que se llamara así la flamante imagen napolitana.

 Veamos, por último, la explicación del nombre de Maravillas, de la que circulan tres versiones. Según unos autores, el convento de carmelitas se llamó así por haber encontrado en el huerto un Niño Jesús, sentado entre florecillas llamadas maravillas, Niño que luego colocaron entre las manos de la Virgen, pues encajaba perfectamente. Para otros, y es más verosímil, una vez trasladada a Madrid la imagen en 1622, estuvo tres años en casa del escultor Francisco de Albornoz, que la restauró, y allí surgió el nombre de Maravillas, por haber colocado junto a la imagen una maceta de flores llamadas maravillas. Por último, una tercera tradición mantiene que Ana del Carpio, mujer del escultor, tuvo repetidas veces un misterioso sueño en que veía a la Virgen pidiéndole albergue en su casa, al tiempo que abría sus manos y le mostraba a su divino Hijo, a quien servía de trono un ramillete de flores maravillas. Lo que sí es incuestionable es la dependencia del nombre Maravillas de la flor maravilla o Calendula officinalis, flor que definen así los diccionarios: “Planta herbácea, con flores en cabezuelas, de color anaranjado. Es planta comunísima como ornamental en macetas y jardines. El cocimiento de sus flores se ha usado como antiespasmódico”. Se parece bastante a la margarita, aunque es menor su tamaño.

 Finalmente, procuraré encalmar al ceheginero de marras, pajizo del sobresalto, cuando se enteró de que había otras Vírgenes de las Maravillas. La existencia y preexistencia de casi una treintena de ellas no difumina ni menoscaba la prevalencia de la de Cehegín; antes, al contrario, hace que su figura se magnifique, puesta en parangón con las otras. Podrán otras Vírgenes de las Maravillas aventajar a la ceheginera en aristocracia o antigüedad, en popularidad o riqueza, pero lo que es en sublimidad de inspiración, en finura de modelado, en delicadeza de semblante, en galanura de atuendo, en bizarría de colorido, en gallardía de cuerpo, en donaire de talle, en garbo de movimiento, en ternura de mirada, en dulzura de expresión, y en hechizo de Niño, en todo eso la patrona de Cehegín sobrepuja largamente a las demás, o como diría un castizo ceheginero: “Nuestra Rubia le saca veinte pleitas a todas sus tocayas”.

 GORTÍN.

 

CEHEGÍN – IMÁGENES DEL PASADO – ARTÍCULO Y FOTO FOB.

1 Ago

Copia de 64

Un rincón con mucha solera, además, del  centro neuralgico a lo largo de algunos siglos, aportándonos historias diversas y, cuanto menos, muy interesantes y documentadas.

En esta foto de los años sesenta del pasado siglo, nos muestra cierta riqueza de establecimientos que ya pasaron al recuerdo, como puede ser El Banco Español de Crédito, Confitería Motolite, que se encargaba de dar aromas que enloquecían a todos, o más bien, alimentaban, José el del vino en su pequeña bodeguica en los bajos del Hospital de la Real Piedad, también, Fernando Moya López, entre tejidos y electrodomésticos, radios y televisiones en blanco y negro, la ferretería de Emilio el de Marco, que luego pasaría a los hermanos Corbalán Gil.

Tengo que destacar un detalle que se aprecia al fijarnos con más precisión, o sea, como un pequeño tablón de anuncios colocado en las puertas del mencionado hospital, pues bien, en realidad, aparte de algunas notas o esquelas, también se ponían los panfletos de las películas que iban a proyectar en el cine, pero que dependiendo del color del panfleto, así era el aviso para conocimiento del contenido, una forma de comunicar si la película estaría o no subida de tono, o lo que es igual, apta para mayores, una curiosidad que nos dice, que también los símbolos han hablado siempre en su lenguaje.

 

Francisco Ortega Bustamante