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HACIENDO MEMORIA – PANTANO ALFONSO XIII

14 Feb

 

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SAN VALENTÍN Y EL DÍA DE LOS ENAMORADOS

13 Feb


Los enamorados tienen un día en nuestro calendario para demostrar o reafirmar su amor mediante regalos, dedicatorias o poemas pero ¿por qué el 14 de febrero? ¿Quieres conocer la leyenda de San Valentín y de dónde procede esta celebración?

Existen diversas teorías que otorgan a esta fecha el origen del Día de los Enamorados. En los países nórdicos es durante estas fechas cuando se emparejan y aparean los pájaros, de ahí que este periodo se vea como un símbolo de amor y de creación.

Algunos creen que es una fiesta cristianizada del paganismo, ya que en la antigua Roma se realizaba la adoración al dios del amor, cuyo nombre griego era Eros y a quien los romanos llamaban Cupido. En esta celebración se pedían los favores del dios a través de regalos u ofrendas para conseguir así encontrar al enamorado ideal.

También, y hace muchos siglos, fue tradicional en Inglaterra la “fiesta de los valentinus”, donde se elegían a hombres y a mujeres para que formaran pareja. Muchas de estas parejas se convertían en marido y mujer y conseguían la felicidad de pareja que se espera encontrar y consolidar el Día de San Valentín.

Otras fuentes centran el origen de la historia de San Valentín en la Roma del siglo III, época en la que el cristianismo era perseguido. En este periodo también se prohibía el matrimonio entre los soldados ya que se creía que los hombres solteros rendían más en el campo de batalla que los hombres casados porque no estaban emocionalmente ligados a sus familias.

Es en estas circunstancias cuando surge la figura de San Valentín, un sacerdote cristiano que ante tal injusticia decide casar a las parejas bajo el ritual cristiano a escondidas de los ojos romanos.

Valentín adquiere por proteger a los enamorados y auspiciar bodas secretas gran prestigio en toda la ciudad y es llamado por el emperador Claudio II para conocerle. El sacerdote aprovecha aquella visita para hacer propaganda de la religión cristiana y convencer al emperador para que siga los pasos de Jesús. Aunque en un principio Claudio II se sintió atraído por aquella religión que los mismos romanos perseguían, los soldados y el propio Gobernador de Roma le obligaron a desistir y organizaron una campaña en contra de Valentín. El emperador romano cambió de opinión y ordenó al gobernador de Roma que procesara al sacerdote.

La misión de condenar al sacerdote la tuvo que llevar acabo el lugarteniente, Asterius. Éste, cuando estuvo delante del sacerdote, se burló de la religión cristiana y quiso poner a prueba a Valentín. Le preguntó si sería capaz de devolver la vista a una de sus hijas que era ciega de nacimiento. El sacerdote aceptó y en nombre del Señor obró el milagro. El lugarteniente y toda su familia se convirtieron al cristianismo pero no pudieron librar a Valentín de su martirio. San Valentín fue ejecutado un 14 de febrero.

Mientras estuvo encerrado, su carcelero le pidió que diera clases a su hija Julia, a base de lecciones y horas juntos, Valentín se enamoró de la muchacha. La víspera de su ejecución, envió una nota de despedida a la chica en la que firmó con las palabras “de tu Valentín”, de ahí el origen de las cartas de amor y poemas que se envían los enamorados en la actualidad y de la expresión de despedida “From Your Valentine”; conocida en todo el mundo adjunta en miles de postales de San Valentín.

La historia de San Valentín hubiera quedado ahí si no fuera porque dos siglos más tarde la Iglesia católica la recuperó. Por aquel entonces era tradición entre los adolescentes practicar una curiosa fiesta pagana derivada de los ritos en honor del dios Lupercus, dios de la fertilidad que se celebraba el día 15 de febrero. Era un sorteo mediante el cual cada chico escogía el nombre de una joven que se convertiría en su compañera de diversión durante un año. La Santa Sede quiso acabar con esta celebración pagana y canonizó a San Valentín como patrón de los enamorados.

El cuerpo de San Valentín se conserva actualmente en la Basílica de su mismo nombre que está situada en la ciudad italiana de Terni. Cada 14 de febrero se celebra en este templo un acto de compromiso por parte de diferentes parejas que quieren unirse en matrimonio al año siguiente.

Sea como fuese, San Valentín se ha convertido en el patrón de todos los enamorados y de todas aquellas personas que quieren tener una pareja. Los comerciantes se han hecho eco de esta festividad y la han convertido en un día perfecto para aumentar las ventas. Flores, postales, poemas de amor, dedicatorias, bombones y regalos de todo tipo se realizan este día al ser querido para demostrar su amor y amistad.

EL PAÑALETE ENREDANDO UNA SILA DE ENEA – OTRO OFICIO YA CASI EXTINTO -ARTÍCULO Y FOTO FOB.

1 Feb

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Es lamentable que, oficios como este, se vayan al traste sin ni siquiera hacer el más mínimo intento de recuperarlo y mantenerlo vivo, ya que es uno de esos trabajos que tan sólo unos cuantos pueden y saben hacerlo, ya no quedan, o muy pocos, pero en cierto modo, cada vez hay más demanda en este tipo de elementos de uso doméstico y decorativo en el mundo rural y, que el turismo agradece por su sabor añejo y tradicional, aparte del verdadero arte y creatividad a la hora de su fábrica.

Las eneas (aneas), es una planta que se deja ver junto a las aguas de los ríos como una planta más de ribera, pero que para hacer este trabajo, se necesita de un seguimiento de esta planta y un conocimiento de las que son apropiadas o no, en que época debe recolectarse para luego pasar al proceso de secado en lugares apropiados que, una vez seca de forma adecuada y, cuando se va a elaborar el “enredar” o echar el asiento de enea, la planta vuelve a ponerse a remojo para poder trabajarla de forma más flexible y amordarla mucho mejor y más apretada para un asiento mucho más compacto y resistente, aparte de quedar mejor imagen de este artesanal trabajo.

Francisco Ortega Bustamante

EL 600 Y LOS PANTALONES DE CAMPANA

31 Ene

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Bueno, cierto es que, en ocasiones, un 600 siempre se situaba en el ojo del huracán como escusa perfecta para evadirse o zambullirse en cualquier tipo de aventura – digamos – explorando nuevos territorios que nos permitieran cierta libertad y conocimiento de ese entorno, un poco más allá de nuestra pequeña parcela y de nuestra rutina más que relamida.

No en vano, a veces, incluso nos llevábamos el bocadillo por si acaso, pero que, nos aportaba esa liberación de nosotros mismos y nuestras amontonadas manías o costumbres, para cambiar de decorado y respirar un aire fresco y muy diferente, a veces, incluso la música de una discoteca, podía sonar diferente aún siendo la misma, es lo que tiene cambiar de aires.

La leyenda del 600, también era un plus, dado que nos unía mucho más y de una forma diferente, puesto que viajar, aunque no sea mucho, en un 600, ya era una verdadera aventura en si misma. Son recuerdos cargados de nostalgia y, que a buen seguro, algunos de vosotros, os sentiréis identificados con esta historia.

Francisco Ortega Bustamante.

FENÓMENOS PARANORMALES Y MUY EXTRAÑOS EN CEHEGÍN I PARTE – LA CASA DE LAS “BOTICARIAS” -(Artículo, fotos y fragmento de mi novela, FOB)

23 Ene

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Fragmento de mi novela:

LAS BOTICARIAS Y SUS CÓDIGOS

Dos guardianes jónicos, vestidos de romanos, custodian las viejas puertas que dan paso a la antesala de casi cinco siglos de historia. Una bonita y penumbrosa cancela, decorada con aquéllos azulejos de extraños dibujos de cuando entonces – y así mismo – también el suelo que pisamos.

Al abrir la segunda puerta, se nos derrumba la emoción para pasar a la intriga y el asombro, al estrellarnos contra una pared a secas presidida por un notable y forjado ojo de buey asomado al gran patio conventual en el que, su centro esta marcado por un canoso aljibe arropado por multitud de piedras tan negras, como el oscuro pasado que guarda esta casona en su memoria.

Una quebrada escalera de color parduzco, nos conduce a la incertidumbre de un subibaja entre descender hasta el patio – muy tenebroso en plenilunio – o alcanzar la primera planta con su espectacular balaustrada de madera del XVII y, las catorce estaciones colgadas en los viejos muros de aquél cuadrado, con tantos rezos guardados en su haber.

Grandes y largos tejados rinden pleitesía a todo el que se fije en ellos. Ya están demasiado ancianos y cansados. La lluvia – cada vez más – les cala hondo en sus retorcidos huesos reumáticos y carcomidos por el bicho de los años. Unos son más altos que otros, según guarden unas dependencias u otras. Algunas, guardan demasiados misterios. Demasiada magia. La magia de una casa encantada…

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Los fenómenos “Orbs” se ven en algunas fotos notablemente, aparte del propio y emblemático edificio que nos ocupa.

En ocasiones como esta, nos resulta difícil creer en ciertos tipos de acontecimientos o estados que, sin duda, se dan en todos los rincones de nuestro planeta y, nuestra patria chica también forma parte de este planeta cada vez más cargado de asombrosas historias, leyendas y verdaderos sucesos reales y constatados.

En el caso que nos ocupa, hablamos de una casona del siglo XVII – hoy en ruinas – en los que sus inicios fueron de una casa conventual para albergar a una comunidad de monjas que atenderían un hospital de caridad, ya que algunas fuentes publicadas así lo constatan, incluso, la placa informativa que luce en su fachada.

Es por tanto este, un lugar que, de alguna manera, ya estaría ligado o asociado, a una trayectoria vinculada con esa parte más gris de la vida, incluso más oscura aún en ocasiones, de hecho, la trágica muerte de Alonso de Góngora ensartado por la espada de Martín de Ambel – antiguo propietario de esta casa – viene a sumarse a la anterior vida espiritual y de atención a enfermos ancianos por las monjas que habitarían este lugar, aunque algunas fuentes aseguran, que es muy posible que no llegaran a ocuparla por mucho tiempo.

Aún quedan algunos vestigios como, restos en extinción, de las cruces en torno al corredor interior que, corresponderían con las catorce estaciones de un vía crucis de obligada oración, cosa que sin lugar a dudas, continuaron sus rezos las hermanas Ortega Lorencio mientras vivieron, siendo ellas las últimas almas que habitaran ese lugar.

Deberíamos sumar a esto, que estas hermanas, conocidas como las boticarias – cosa de familia – albergaban en los bajos de la mencionada casa, una antigua botica en la que se preparaban toda clase de remedios para curaciones de aquéllos males que aquejaban a las gentes de esa época. Un cóctel, en resumen, para que se den las circunstancias propicias para albergar aún más si cabe, ciertos tipos de fenomenologías paranormales.

Dicho esto – algunas fotos y grabaciones así lo demuestran – es este un lugar mágico cuanto menos, de esos que se te pone la piel estirada y los pelos les crecen incluso a quien no tiene ninguno. Aparte del material recopilado durante muchos años, también están las experiencias vividas en primera persona y, las que han experimentado terceras personas en sus propias carnes – historias, como digo – que están ahí vividas y recogidas, ya que es de buen hacer, guardar el recoger.

Diversas historias de muy distinta índole, avalan mis palabras, así como las vivencias personales, ya que es una forma de demostrar hechos reales. Otra cosa es hacer un exhaustivo análisis pormenorizado de cada caso puntual.

En otra ocasión, ampliaremos más datos sobre este asunto y en este mismo lugar, aunque sin duda, Cehegín da para mucho.

Francisco Ortega Bustamante.

EL OLMO BLANCO – ARTÍCULO Y FOTO FOB.

21 Ene

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Ahí está en pie aún el “Olmo Blanco”, un guerrero que ha soportado las embestidas de casi un siglo de su existencia, incluso puede que algo más, yo le conozco desde apenas los cinco años y lo veía igual.

Cierto es que ha perdido algunas partes de su cuerpo por el camino, pero sigue teniendo vida y dando algunos hijos que crecen junto a el y la custodia de su amparo.

La acequia que pasa junto a su tronco, siempre alimentó sus raíces con sus aguas, apagando la sed de este gigante, y nutriendo la poca tierra que lo rodea y sostiene en ese escarpado  terreno.

En tiempos de muy jóvenes, cazábamos algunos pájaros de entre sus ramas para comer algo de “chicha” una vez desplumados y asados convenientemente. No era sencilla la captura de esos pájaros, unas veces con unas varetas de visco y puestas entre sus ramas para que al posarse estos quedaran pegados y, nos tocaba hacer malabarismos para poder alcanzarlos.

En otras ocasiones, con tirachinas de construcción propia y efectiva, con unas fachas que cortábamos a navaja en mano de algún aratonero, gomas que recortábamos también de algunas recamaras de bicicleta que nos daban en algún taller, algún trozo de alambre oxidado y, un trozo de cuero de alguna vieja sandalia, todo un arte para conseguir con algo de puntería, acertar y derribar al pájaro, los más pudientes….cazaban con escopeta de perdigones, todo un lujo porque comían más.

El Olmo Blanco, ha visto muchas riadas desde su lugar privilegiado, así como los múltiples cambios del cauce con cada riada, pero también y, junto a sus pies, presenció el desbordamiento de la acequia y su ruptura, cayendo todo en gran tropel – como digo – por ese escarpado y vertical talud hasta el propio río.

También nos ha dado sombra y cobijo bajo su manto de hojas de dos colores en esas siestas de tiempos estivales en, los que no necesitábamos una alerta amarilla para decirnos que hacía una calor de padre y señor mío, pero como teníamos el agua y la sombra, a bañarnos en la acequia en pelota picá y a protegernos como siempre, con la sombra de nuestro viejo amigo y cómplice, el “Olmo Blanco”.

Hay otro mucho más mayor al otro lado del río, junto al molino del morcillo. Un canoso centenario que ha visto demasiado, allí, junto al potro de piedra.

Francisco Ortega Bustamante.

LA CASICA DEL “TÍO JUAN EL PARREÑO” – ARTÍCULO Y GALERÍA FOB.

21 Ene

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Ya muere otra historia llevándose consigo las voces impregnadas en la pedrera de ese cobertizo que, dejaron a lo largo del tiempo, todas las gentes que encontraron allí un vital refugio.

Esta reducida casa, se convertía en todo un palacio desde hace más de un siglo para, en momentos de premura ante una de esas tormentas que se desataban sin previo aviso, amparar a los agricultores que trabajaban en esos pequeños recintos de piedras arrancados al propio suelo del mítico río Argos, pero también, a esas mujeres lavanderas que, a rodilla hincada entre los guijarros a orillas del agua, restregaban contra una losa de piedra las ropas de quienes les confiaban dicha labor.

Fueron muchos días o tardes, las que a grito limpio, se les avisaba desde arriba al divisar la estrepidante llegada de la lengua del agua en caudalosa riada y, llevándose todo a su paso, incluso cañas y árboles arrancados de cuajo sin más.

La Ramona, la Salvadora, la tía Juana la Porras… entre otras, acudían a esta casa en plena tormenta, buscando el amparo de un desvencijado chamizo que, al mismo tiempo, pertenecía por tiempo y cuidado, al esposo de la tía Juana la Porras, o sea, el tío Juan el Parreño, un hombre de muy duro carácter y ávido en su guardia y custodia de aquéllos bancales y sus mermados frutos, pero en épocas de hambre, siempre hemos buscado alcanzar algún tomate o quizá una breva, incluso entre las tinieblas de la noche.

Un lugar este con mucha historia, como digo, que se esta hundiendo en si misma como una implosión más de las muchas que se sumergen en el silencio del tiempo que una vez fue.

Francisco Ortega Bustamante.