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NO ENTIENDO…NO SE ME OCURRE NADA…

14 May

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No entiendo el como de las mentes que buscan donde no hay nada, incluso, sabiéndolo de antemano. Son como “masocas” furtivas en una inmensa selva de razones que no ven. Nadan entre gigantes, pero les ignoran para seguir con su búsqueda infructuosa. Es como si les encantase que le claven – cada vez más fuerte – el dedo en la yaga.

Puede que no se me ocurra nada, como a ti, pero intento empujar la pluma y a ver que sale. Cultivar el campo y abonarlo para recoger – quizá – algo de fruto trabajado, también la satisfacción de haber nadado en contracorriente y vencer la lucha.

Siento frío bañado de sudor traicionero – como la vida – que me empuja a refugiarme en la nada, pero me niego a la dejadez y a la pereza por sistema. A esa comodidad de cerebros sedentarios tumbados de por vida. No es mi lucha, pero si me hace guerrero entre las tinieblas en masa de ejércitos sin “sesos”. No llevan espada para luchar en la vida, ni por la suya propia. No les hace falta. Son blandos de físico y de aparente tacto imaginario, pero demasiado peligrosos como las aguas que taladran la roca con su gota a gota. No les temo, claro que no, pero me aparto – si es que puedo – de su viscoso camino, para no quedar atrapado en ese fango, como estela de la vida inerte que dejan a su paso.

No se me ocurre nada, pero busco y rebusco hasta que se me ocurra algo. Pequeñas gotas de rocío que nutran el campo de mi mente, intentando que germine cualquier cosa como autoalimento del alma. Como rayos de sol candentes que me den algo de energía y color, en el fruto desconocido. También luz, en pequeñas dosis, para no salirme del sendero que alguien trazó. No quiero ser un “no se me ocurre nada”.

“Las cosas – por lo general – no se rompen por el hombre o mujer como tal, sino por la aptitud inadecuada que adoptamos por comodidad”.

Francisco Ortega Bustamante.

“PUNTARRÓN VIVO” – UN PUEBLO QUE DESAPARECE – ARTÍCULO Y FOTO FOB.

17 Abr

14-

La vida de una montaña de casas, sus gentes y sus faenas de cada día, se marcharon al olvido.

Una fortuita manera de evolución hacia la nada porque sí. Un patrimonio sin oxígeno en plena agonía. Más se parece a una propia eutanasia ante la impotencia de lo irremediable.

La belleza sublime y magestuosa de un conjunto y su naturaleza, llevan los últimos “apargates” puestos. Una forma de morir honradamente, ante la evidencia de una guadaña sin perdón.

A cambio, nos otorga su silencio y esa paz con vida propia, con aliento y suspiro de veterano de guerra. Un puntarrón con alma viva en el día y en la noche. Una auténtica fábrica de musas para la creatividad, la obra y el sueño. Un lugar de horizontes al alcance de nuestros ojos y de nuestras manos. Un sentir su energía bullir por dentro nuestro. Una gran casa universal a los cuatro vientos. Un eco de voces y cantos de aquéllas gentes que lo hicieron vivo.

“Puntarrón”. Tú si que sabes de lo que hablo.

Francisco Ortega Bustamante.

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REFLEXIONES…

30 Dic

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REFLEXIONES…

30 Nov

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HABIA UNA VEZ UN SUEÑO…DEL QUE NO QUIERO DESPERTAR…

18 Jul

JUNIOR BLOG

No se si a ti te pasa. No se si tu sientes como yo. No se si a quien tu miras también te mira, pero a veces, la mirada es un sentir.

Es la expresión viva del amor oculto, ese que no se ve aunque hierva en las venas de cada rincón escondido en el cuerpo, incluso del alma que no vemos, pero tienes alma. Esa que oxigena corazones. Que acaricia y estimula aquéllos duros instantes que nos trituran, pero que además, es más dulce que la miel.

Cada beso se convierte en el más brillante premio que se puede recibir. Cada palabra es un reclamo de amor. Cada mirada ilumina todo entorno machacando la tristeza. Cada abrazo…arropa mi corazón.

Eres vida…Eres sueño…

Francisco Ortega Bustamante.

NO ENTIENDO…

10 Jul

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NO ENTIENDO

No entiendo el como de las mentes que buscan donde no hay nada, incluso, sabiéndolo de antemano. Son como “masocas” furtivas en una inmensa selva de razones que no ven. Nadan entre gigantes, pero les ignoran para seguir con su búsqueda infructuosa. Es como si les encantase que le claven – cada vez más fuerte – el dedo en la yaga.

Puede que no se me ocurra nada, como a ti, pero intento empujar la pluma y a ver que sale. Cultivar el campo y abonarlo para recoger – quizá – algo de fruto trabajado, también la satisfacción de haber nadado en contracorriente y vencer la lucha.

Siento frío bañado de sudor traicionero – como la vida – que me empuja a refugiarme en la nada, pero me niego a la dejadez y a la pereza por sistema. A esa comodidad de cerebros sedentarios tumbados de por vida. No es mi lucha, pero si me hace guerrero entre las tinieblas en masa de ejércitos sin “sesos”. No llevan espada para luchar en la vida, ni por la suya propia. No les hace falta. Son blandos de físico y de aparente tacto imaginario, pero demasiado peligrosos como las aguas que taladran la roca con su gota a gota. No les temo, claro que no, pero me aparto – si es que puedo – de su viscoso camino, para no quedar atrapado en ese fango, como estela de la vida inerte que dejan a su paso.

No se me ocurre nada, pero busco y rebusco hasta que se me ocurra algo. Pequeñas gotas de rocío que nutran el campo de mi mente, intentando que germine cualquier cosa como autoalimento del alma. Como rayos de sol candentes que me den algo de energía y color, en el fruto desconocido. También luz, en pequeñas dosis, para no salirme del sendero que alguien trazó. No quiero ser un “no se me ocurre nada”.

“Las cosas – por lo general – no se rompen por el hombre o mujer como tal, sino por la aptitud inadecuada que adoptamos por comodidad”.

Francisco Ortega Bustamante.

Con cierta edad (poema)(Santiago Delgado, Compartido públicamente. – 11 ene. 2016

22 Mar

COn cierta edad

 Con cierta edad

comenzamos a preguntarnos,

a dónde llevará el viento

las hojas secas, tiradas por el suelo.

 

Con cierta edad,

echamos un vistazo

a las maletas vacías

que ya nunca usaremos.

 

No precisa de alforjas

este viaje, que sin remedio,

con paciencia nos espera;

y para el que ya nos quedan

por delante, menos años

de los que por detrás

ya hemos dejado hechos.

 

Con cierta edad,

que es la que yo tengo,

comienzan a cerrase las cuentas

pendientes, y apenas se abren

nuevas, de escaso vuelo.

Aunque nunca se sabe,

de las cuentas, su ventura

cierta, su fin postrero.

 

Con cierta edad,

comienzan de nuevo

a agitarse los misterios

olvidados, los profundos

abismos de quiénes somos,

y a dónde será que iremos.

 

Venga cuando quiera

la Parca. Tranquilo la espero.

Con cierta edad, la miras

con raro y sentido respeto.

A ella le gusta, creo,

que le demos trato de amiga,

y que no nos asustemos;

como cuando nos encontramos

por la calle a quien

hace mucho que no vemos,

y sin alborozo saludamos

al paso, con sonrisa franca

y levantando el ala

de nuestro sombrero.

 

Con cierta edad…

ya todos nos entendemos.