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POR SAN VALENTÍN – ARTÍCULO F. ORTEGA BUSTAMANTE

14 Feb

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Por san Valentín, siempre aparecen cupidos de pacotilla que, desean dar el pelotazo de su vida a ese amor de turno inventado, por la necesidad de presumir ante la manada. Sí, ese cupido de alas recortadas y bajos vuelos, que con una nota y una flor, termina siendo un perfecto capullo.

Ahora no deseo entrar en ninguna de las muchas versiones que se le dan a este santo, angelote o monaguillo, ni mucho menos en lo que en algunos escritos se recoge como más veraz, de lo que la historia de Valentín nos aporta. Seguro que mucho y bueno.

Es mi deseo entonces, exponer a mi aire, una forma o modos de ser un buen Valentín, antes que ser un mal “Cobardín”.

Siempre he tenido la total convicción de que la palabra hombre, es y significa algo mucho más elevado del uso que hacemos de ella, tanto es igual como en el caso de la palabra mujer. También pienso que, para eso hay que nacer y cultivarlo.

Cierto es que, en días tan señalados en la sociedad actual y, dado al alto nivel de consumismo en dicha fecha, es normal que también exista cierta rivalidad interna y silenciosa – aunque se nota – de pretender ser el mejor ante un supuesto compromiso firme o volantero, la cuestión es quedar bien según el nivel o categoría de nuestro regalo, aunque no importa en realidad lo material, comparado con el gesto sincero si lo hubiera.

Ahora sí, creo que es momento de exponer, según mi personal sensibilidad, algunos matices a este respecto en cuanto a la idea de ser o no un buen Valentín.

Lo primero que deberíamos dejar a un lado, es ese arco con sus flechas que, casi nunca aciertan, o saltan algún ojo sin queriendo, y me refiero, a que es muy frecuente, lanzar la piedra y luego mirar, o sea, un desatino por no pensar adecuadamente qué es en realidad lo que queremos o pretendemos y a quién, puesto que no siempre, la flecha se dirige a donde el resto cree que va, incluso a veces, alguien se cruza en el camino inesperadamente, cuando ya has disparado el arco. Ya no hay marcha atrás. Has dado en toda la diana, pero no en la que apuntaste al principio. Sí, es cierto que, por san Valentín, aumenta considerablemente el amor y sus estados de predisposición y liberación de, esos fluidos que nos ponen a buscar como si fueran los aromas de la mejor cocina de un buen restaurante, pero…ahí, no iba en principio esa flecha del amor. Ya ves, a veces logramos menos puntuación por dar en la diana equivocada, o no.

De cualquier manera que lo hagamos, si en realidad nos atrevemos, nos van a criticar igual, incluso nos tildan de cursis, antiguos o simplemente de un perfecto gilipollas, apoyándose claro está, en la prepotencia de una personalidad demasiado frustrada por fracasos anteriores, o simplemente, por ser más devoto de san “Cobardín”.

Tanto en el caso del hombre como en el de la mujer, es suficiente con tener la auto-convicción de ser fieles a nosotros mismos y nuestros principios y tradiciones – como es el caso – de todo aquello que nos aporta algo y nos permite aportar a los demás – sobre todo – aquello que espera de nosotros y, en un cuidado ejemplar que denote la delicadeza con la que se debe tratar a tan singular momento y persona, ya que detrás de cada ilusión, hay un corazoncito que late ansioso de ser estimulado, por un toque muy distinto a la puta monotonía que nos arrastra en cada día. De eso se trata precisamente, de cambiar todo en un segundo, para que sea único e irrepetible. Que sea como una batuta que se levanta en pie de guerra, para orquestar un puñado de sentimientos y matices, que sean capaces bajo esa batuta nuestra, de hacer sonar la música en un corazón que espera ser amado y sorprendido, al mismo tiempo que endulzado, pero ojo, no sólo es cosa de bombones y rosas, ni tampoco de una caricia o un beso, ni abrazos ni leches miles, sino más bien de ser sutiles.

De ser capaces de hacer llegar una melodía servida en bandeja de plata. El oro lo aparcamos por ahora. También colgantes, pulseras, pendientes y otras lindezas que dio la tierra. Es momento de palabras, de susurros y de la propia música del alma. Es esa mirada cómplice y enamorada. Es el roce de la piel. Es la escusa y el disimulo que nos lleva en el silencio. Nos arrastra como caballos desbocados sin herraduras que usurpen nuestro silencio en el sello de unos labios en su encuentro. Es, esas notas que rompen con sus caricias, desde aquél cómplice piano apostado en las almas que se unen. O esas cuerdas de guitarra que, lloran desde su emoción compungida, dando notas lacrimosas que brillan como un firmamento emocionado. Sí, esas cómplices miradas en las que se puede leer un lenguaje muy distinto a la puta monotonía que nos arrastra, repito una vez más, y nos dejamos. Somos masocas aún sabiendo que podemos cambiar el mundo.

“No es amor lo que siento, es rabia por no poder estar enamorado hasta el final de mis tiempos”

14 – 2 – 2018

Francisco Ortega Bustamante

 

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LOS REYES MAGOS VISTOS DESDE OTRA REALIDAD

4 Ene
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Antes creíamos ciegamente en los “Reyes Magos”, o quizás, en que realmente pudieran hacer realidad nuestros sueños a través de la “Magia”, porque antes, conseguir un insignificante juguete… era un verdadero “Milagro”.

Hoy los niños, por lo menos la mayoría, tienen juguetes nuevos todos los días, y no importa el precio con tal de hacerles callar; antes, teníamos que callar siempre, y encima sin juguete.

Un cestito de caña, de los que hacía el “Pedro el Gitano”, lleno de “flores” (palomitas de maíz), y algunos chocolates o peladillas, eran suficientes para poder decir que te habían “hechao los Reyes”, y encima tenias que buscarlo bajo las camas, por cualquier rincón de la casa, o en la cuadra, escondido entre la leña y custodiado por los conejos, para que la impresión y el misterio fueran mayores.

Hoy, los regalos vienen en forma de estupideces cargadas de monotonia rutinaria y de cumplidos forzados, de ilusiones desgastadas por los años, pues siempre son las mismas y nunca se cumplen, pero yo, seguiré teniendo esperanzas, pensando, que si a mi no me llegan nunca, tal vez les pudiese llegar a mis hijos o nietos.

Es un poco duro tener que hablar de ésta forma, pero a veces me sirve como una gran válvula de escape…decir verdades.

“Os deseo la saludo como el mejor de los regalos”

Autor: Francisco Ortega Bustamante

OTOÑO EN CEHEGÍN – ARTÍCULO Y GALERÍA FOB.

16 Nov

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Existen paisajes de otoño y, otoños que te regalan bellos paisajes mientras se despiden hacia su letargo invernal.

Yo los veo y me recreo en su belleza infinita, como una verdadera estampa de naturaleza y vida, de sueños y poemas, de lienzos engendrados en óleos sin tiempo que, perpetúan esa imagen para siempre expuesta en el salón de nuestras vidas.

También intento atrapar dentro de si mismo, esos aromas que deja un otoño, como una estela de esa estrella fugaz que una noche pasó frente a nosotros. Larga y ardiente. Una noche otoñal en la que te da la impresión de culminar con esa estrella, el mejor de los deseos. Una noche de otoño que, mientras más fuerte se hace, mucho más le amas. No hay palabras – quizá – que sean capaces de describir lo que un ser puede llegar a dibujar en su lienzo de la noche, mientras respiras ese inconfundible aroma de naturaleza viva en todos sus sentidos. Algo que, se atesora como fuente de inspiración y de amor real a lo vivido. ¡Qué hermosa naturaleza!

A veces, los colores que nos ofrecen, resultan camaleónicos según las diferentes luces de cada hora, son cambiantes a lo largo del día y la propia noche, pues no en vano, hay lunas que engalanan aquello que el día no logró.

La poesía está escrita en cada hoja amarilla, también a lo lejos, sí, al fondo de esas alfombras de paisajes respaldadas por las grandes montañas, como guardianes del tiempo. De la vida. De los sueños y de esas esperanzas que a todos nos inundan – con alguna lágrima – esperando que esa estela de la estrella fugaz, nos permita ver un otoño más.

Francisco Ortega Bustamante.

LIBERTAD

15 Nov

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En ocasiones, puede que me pierda por los senderos de la vida, esos que te llevan demasiado lejos pero que no conducen a ninguna parte. Me gustan precisamente por eso. Es una forma de no tener que depender de un punto. De un lugar esté donde esté. Pienso que hay veces – muchas veces – en las que es mejor no saber hasta donde iremos a parar. Ya llegaremos.

Precisamente en ese supuesto deambular poniendo tierra por medio, es cuando realmente nos damos cuenta, que sí que existían otros caminos diferentes en la vida, para poder tomarlos y conocer o descubrir a través de ese viaje inventado nuevos modos de vida, viéndolos desde otro ángulo diferente a la monotonía que nos devora cada día y a cada paso.

Las luces y las sombras que nos drogan, precisamente, en ese circulo viciado en el que habitamos, ya quedarían entonces muy atrás en el tiempo, así como en la propia visión de las cosas o normas a las que estábamos encadenados de por vida. Una vida que nos ordenan como tenemos que vivirla según lo establecido. Ya ves. ¡Que se jodan!

Me encanta elegir – dentro de mis posibilidades – que hacer, cuando, como, donde y con quién, sin tener que ceñirme a ese estrecho cinturón inquisitorial que nos estrangula más y más a cada paso. No me da la gana. Yo elijo mi libertad para ser libre, sin tener que decir cada día, que somos libres pero en voz baja. ¡Mentira!

Es cierto que una buena dosis de locura, nos aporta otra cierta dosis de libertad, puesto que te otorga, en cierto modo, alas para volar y escapar en busca de más vida sin dosificar, sí, esa que nos obligan a vivir con cuentagotas. Me encanta entonces, poder pintar mis propios paisajes a mitad de cualquiera de esos caminos que, de vez en cuando, debiéramos tomar.

Incluso te puedes permitir enamorarte, claro que sí. Ese amor que quizá hemos soñado durante años pintándolo de mil colores en cada uno de nuestros sueños. Enamorarnos pues, de las flores y los campos, de los árboles y ríos, también de las montañas inmensas, o de la persona que nos aporte cada latido de su corazón como una entrega mutua. Un amor de verdad que rompa con todos los esquemas o patrones en desuso. Un amor – digo – para vivirlo a plena libertad en cuerpo y alma.

Francisco Ortega Bustamante.       

“UN VIVO ENTRE LOS MUERTOS” – ARTÍCULO Y GALERÍA.

5 Nov

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…y caminaba en la noche casi perdido, mientras pisaba la niebla que me acorralaba más a cada paso. Me hubiera gustado encontrar algo de refugio bajo algún destartalado chamizo recostado en un ribazo. Me abrazó ese cementerio entre sus cuatro paredes, de las que se entra para no salir jamás, o eso dicen. Un vivo entre los muertos.

Panteones o mausoleos, nichos y pabellones enteros, el parpadeo de algunas luces con olor a cera, incluso el vuelo de las coronas, giraban suspendidos por la espesa niebla sobre mi cabeza – digamos – como una infernal espiral con intenciones de arrancar mis pies del suelo. ¡No me da la gana, me quedo!

Esa noche de las que llaman de las Ánimas del purgatorio, se convirtió en un fortuito escenario de estudio y reflexión. Un lugar que, por las propias circunstancias, más bien le hubiera llamado:

“el lugar donde pernoctan ya sin tiempo, las almas de aquéllos que tuvieron que marchar sin equipaje”.

Las enlutadas fotos de cada nicho, parecían tener vida propia, pues sus miradas se clavaban en mi cuerpo mientras seguían mis pasos sin parpadeos. ¡Si están muertos porqué miran!

Entiendo que era un intruso en su alcoba celestial. Que rompía su silencio o la paz de sus lechos de ladrillo y cemento. Posiblemente su sueño eterno.

He hablado con ellos ya entrando en la madrugada mientras levantaba la niebla. Algunos claros, dejaban ver quizá algo mejor, la arquitectura de la muerte. Los cipreses erguidos como fieles guardianes y compañeros, pero al mismo tiempo, también mudos testigos de quien entra y sale en cada noche, mientras que cobijan a nobles pájaros bajo sus pobladas ramas como hoteles de muchas estrellas. Sí, los cipreses también guardan muchos secretos, de esos que levantarían a un muerto si los contaran.

Mi quietud y mi silencio, me permitían oír al propio silencio, ese que no hay palabras para expresar su lenguaje, ese que, sin apenas darte cuenta, se ha metido en tus propios huesos. El que te inmoviliza y veta tus propios pasos. Quizá no es miedo, pues la realidad de las almas que deambulan, es mucho más fuerte que cualquier miedo. Esas almas que, cuando tienes la suerte de poder verlas, aunque no de poder describirlas, el miedo se convierte en paz, la noche en tu compañera y los muertos…significan ese abrazo, que todo vivo quisiera.

Francisco Ortega Bustamante

Y la tarde apuraba sus últimos sorbos de sol. – Artículo y galería FOB.

26 Oct

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…Y la tarde apuraba sus últimos sorbos de sol, como si fuera el último bocado a un bocadillo o la última calada de un cigarro que ya no quema. Todo se apaga, incluso cada uno de nuestros días. Hoy ha sido uno más, quizá, uno menos.

He pisado entre aliagas y romeros. He subido a lo alto de un cerro coronado con uno de esos últimos rayos dorados de atardecer y de sueños. Sí, sueños. Quizá demasiados sueños en el silencio de un alma hambrienta de naturaleza. De árboles y paisajes. De montaña y viento. De silencios otorgados cuando sales a su encuentro.

Claro que he buscado, pisando piedras y senderos. He respirado la brisa, que acariciaba el silencio y, su música sonaba, entre las agujas de pinos y matojos al mismo tiempo. He bebido la esencia de su silencio, mientras sentía el abrazo de montañas con historia, que fabrican energía, esperanza y muchos más sueños.

Con mi mano derecha, alcanzaba a pasarla por su lomo en pura caricia a esa rubia peña. Con mi mano izquierda, recogía aguas del río para enjugar mi boca. Con mi mirada y mis labios, he contemplado y besado la cima cumbre mágica de sierra Quípar y, he llenado mis pulmones, con los aromas del Paraíso.

Cerrando mis ojos he viajado en el tiempo. También estaba muy cerca de mis muertos y, les he hablado. Ya falta poco para esa fecha, pero me he adelantado. He guardado silencio y escuchado su mensaje, relajas el pensamiento, te impregnas de ese silencio. Vives bellos momentos de libertad y sosiego, de inspiración y reflexiones entre aromas de romero.

He descendido en pausado y contenido a cada paso, con miedo. Sí, miedo a seguir adelante dejando atrás ese encuentro y, que la noche lo envuelva y lo acurruque en su lecho. Miedo a la no certeza, que lo humano ya se sabe, pues confundimos lo que es, con lo que cada uno pare, pues no vemos la enseñanza, de la naturaleza madre, ignorando como tontos, que ella si es la que sabe.

He sentido en mi cuerpo y en mi alma, las sombras ya acercarse, pues la noche no perdona, ni la muerte, ni el desastre, ese que provocamos a cada instante. He terminado el camino y, he encontrado esa luz que, me regala la noche. Las torres iluminadas me esperan a lo lejos, allá en lo alto de un pueblo que no quiere que trasnoche, más bien que vuelva pronto, con un trocito de monte.

Francisco Ortega Bustamante          25 – 10 – 2017

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UN CARTEL DE FELICITACIÓN PARA TODOS DESEANDO SIEMPRE LO MEJOR PARA NUESTRAS FIESTAS – FOB.

8 Sep

CARTEL DE FELICITACION FIESTAS 2017-