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EL RETRATO DE SUS VIDAS

28 May

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…y de ahí, es como uno aprende a entender mucho mejor, los valores de la vida.

Claro, así es, porque Josefa y Manuel, han dejado una magistral estampa imborrable ya en mi mente, pero también, en ese escenario y lugar de naturaleza urbana. Esa que ya nos venden envasada y con fecha de caducidad, aún así, la prefiero antes que nada.

Un idóneo lugar para retratar su niñez y, esos mágicos momentos de pubertad que le dieron sentido a sus vidas, las mismas que hoy perduran en ellos, pero sin darse cuenta de un espía, que al acecho, perpetuaba el amor viejo, con solera.

La brisa de medio día entre las sombras de árboles y el verdor de algunos arbustos, también han sido cómplices de algo tan sencillo como el transcurrir del tiempo con todas sus consecuencias para bien o para mal. Hoy, ha sido para bien.

Ponte junto a ese muro de piedra, Manuel, pero que también se vea el paisaje y todas las casas del lugar donde nací…pero…un poco más arriba para que pueda verte con el paisaje, a lo que responde Manuel:

Si no me ves es porque no te has fijado bien, aunque en realidad a ti, después de tantos años sin pisar los guijarros de tu tierra, lo que más te interesa es el paisaje.

Responde Josefa, un poco contrariada pero con un control absoluto que la experiencia en el tiempo le ha otorgado…El paisaje Manuel, no me sirve de nada por si solo, tu formas parte de ese paisaje del mismo modo que has formado la mayor parte de mi vida, ese sueño de cuando niños y, lo hemos conseguido, por lo tanto ahora, necesito retratarte en el paisaje de mi vida.

Josefa, dice Manuel, déjame que yo también te retrate con el mismo paisaje, porque si no lo hago, nunca podríamos juntar las dos mitades de el lugar donde nos dieron vida, necesito que sonrías, no es para la foto, sino que como tu me has dicho muchas veces, que cuando ya no estemos, puedan guardar y recordar nuestra sonrisa, porque las fotos feas o de serios, casi nadie las guarda, de este modo, puede que aunque nos marchemos nosotros, permanezcamos por mucho más tiempo entre ellos con nuestra sonrisa y alegría – digamos – a modo de herencia como ejemplo.

Te estás poniendo nostálgico, Manuel, y eso que tu eres el fuerte, pero ya veo que pisar de nuevo esta tierra, te ha aguado un poco tu mirada, esos ojos en los que siempre me fijé, pero voy a posar para que tu me hagas más duradera en ese retrato tuyo. ¡Levanta la cabeza Josefa, que no se diga que eres bajita! Aunque siempre fuiste lo más grande que he tenido y tengo en la vida. Has salido muy guapa en la foto, a lo que pregunta ella: ¿y el paisaje? Manuel responde: ¿Qué paisaje? Tú también eres mi único paisaje.

Los dos, despacito y, con la mirada en todas partes, se dirigen a refrescarse en la fuente bajo la sombra de los árboles, el canto de los pájaros y esa brisa, que aún sigue oliendo igual que hace ochenta años.

Solos, sin nadie, y todo el silencio y la paz del lugar, como únicos testigos de un ejemplo de lucha y supervivencia real. Imagino que como otros muchos casos. Yo, me quedo con este como espía o cazador accidental, de una emotiva realidad.

Francisco Ortega Bustamante – 28 – 5 – 2019
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CONTRASTES DE UN PUEBLO QUE HABLA DESDE SU SILENCIO – Artículo y galería Francisco Ortega Bustamante.

3 May

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Un puñado de elementos esparcidos entre calles, rincones y alguna plazoleta – bien unidos en su conjunto – son la esencia, aroma y chispazos de un milenario lugar.

Esa magia que cada elemento ha creado por si solo en las mentes y, sus aromas de niñez en cada esquina de cada calle, también en esos sueños que aún perduran en nuestro silencio.

Un verdadero lugar en donde poder soñar lo que te de la gana, tú eres dueño de tus propios sueños, esos que quizá nunca se cumplieron pero que, con cada paso que damos, siempre vivimos un paisaje diferente. Como aquéllos viejos telones de los teatros que cambiaban en cuestión de minutos, pero nos hacían viajar desde la butaca a esos lugares allí plasmados como una realidad de sueños. Eso es Cehegín. Esos decorados y muchos más viven en cada una de sus calles. Ya quedan menos.

Tampoco se oyen las voces de las gentes que pateaban las calles con viejos “Alpargates” del cáñamo que ellos mismos trabajaban de sol a sol, pero se oye el silencio. También el eco nos dice cosas al oído como si hubiese grabado todas las voces de aquél tiempo que ya marchó. También grabó los llantos y gemidos en la soledad de la noche y, nos lo dice en el otro oído, para que no confundamos la historia, esa que no se cuenta.

“Una piña, una tórtola, un paisaje…un pueblo” 

 

Francisco Ortega Bustamante

“OBSERVAR” – Artículo y galería de Francisco Ortega Bustamante

24 Abr

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En mi deambular por esta basta llanura de horizontes profundos, he aprendido mucho más de los valores que encierra la fascinante experiencia de observar.

He creído un poco más, también, en esos prontos que a veces me dan, pero que me permiten perderme entre los largos brazos de esa naturaleza que me abraza. Ella también los necesita.

La hierba me rinde pleitesía empujada por la brisa – más bien por el arreciado viento de altura – que le hace ser educada y generosa, al mismo tiempo que, bella en si misma y en su aporte de vida, sí, de esa vida que todos respiramos casi sin darnos cuenta. También sus hermanos mayores – arbustos y árboles de más calado – nos otorgan el privilegio de seguir vivos por estos Lares.

En realidad, yo he venido a buscar algo, a sentir y contemplar, a oler y respirar. A llorar.

Hay ocasiones en las que todo esto es una imperante necesidad del humano, aunque parezca absurdo o – digamos – increíble, pero tan necesario como respirar, de hecho, forma parte de esa respiración abstracta que no vemos, con la que ni siquiera hablamos, pero que existe como elemento vital. También el alma se nutre de ese maná tan desconocido ya en el siglo XXI, algo así, como un bicho raro del que, a veces nos hablan como si fuera una figura legendaria que una vez pasó de largo.

¡Sigue estando ahí!

Observo a lo lejos, una perdida grulla muy cerca de un arroyo que, a veces descansa en pequeñas lagunas llenas de todos esos bichos que, hacen su propio trueque de dar unas vidas a cambio de otras. Un ciclo.

Allá arriba de las altas montañas, en sus zonas más rocosas, se hacen fuertes refugios las águilas, incluso, esos majestuosos buitres que ya escasean, pero que en su vuelo nos regalan su estampa sin par. Miles de especies que no vemos, también están observando como nosotros. A nosotros.

Claro que con la observación, se unen a este banquete otros muchos de nuestros sentidos casi olvidados, ya que parece ser, que en la sociedad que vivimos, está prohibido emocionarse entre naturaleza y paisaje, compartir sentimientos con el silencio, incluso con la paz de tu propia paz. La cuestión es joder al prójimo.

¡Somos perfectos depredadores humanos!

Esta tierra arenosa y blanquecina apretada en mi mano, me hace sentir como algo o alguien con raíces. Otrora, en los comienzos de lo que hoy somos, también buscábamos echar raíces en buenas tierras.

¡Somos seres de culo inquieto!

Este amanecer que aún arrastra la humedad de la mojada noche, me trae hasta mis narices, aromas de otros tiempos en los que para mí, eran una constante día a día y noche a noche. Tenía que sobrevivir. Respirar ahora esos aromas de cuando entonces, me recuerda que he sobrevivido a pesar de las adversidades, no sé, es como conseguir unas cuantas medallas de mentirijillas, pero que para mi son de un valor sin límite, como esos horizontes que tengo frente a mi, adornados con las perlas de la noche. Un solo premio. Una sola vida.

Claro que, cierto es que las lágrimas se funden con las gotas que lucen la hierbas y caen a esa tierra de un aroma indescriptible – digamos – como abonando la maquinaria de un alma solitaria entre valles, riberas y montañas, el lugar perfecto para estar despierto en la noche, y soñar durante cada uno de los días. Ver, apreciar y acariciar, siempre con la firmeza y convicción, de poder recibir en algún momento, ese efecto bumerang que algunos le llaman “El Karma”.

No estaría mal encontrar y conservar un buen equilibrio para esta sociedad totalmente tarumba, una especie renovada y adaptada a las cabecitas lindas que hoy deciden nuestros destinos, como un Yin Yang de más peso y consistencia, además de esa fuerza de empuje que, por lo menos, sirva para detener en seco, a una desbocada sociedad sin brújula ni conciencia. Andamos sobrados de todo. Somos lindezas que nos salimos de nosotros mismos porque ya no cabemos en el estuche que nos crearon. Hemos crecido tanto que, tenemos un riesgo muy alto de dar un verdadero estallido.

“Somos lo que creemos que somos, luego, no somos”

Francisco Ortega Bustamante

 

25 – 4 – 2019 – 0,16 h

DECISIÓN-INDECISIÓN – ARTÍCULO Y GALERÍA.

9 Abr

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DECISIÓN – INDECISIÓN

…y no es tristeza, quizá no sepa describir en ciertos momentos algunas de las sensaciones que invaden cuerpo y alma, esa por la que muchos discrepan de su existencia. Yo hablo con la mía y ella me responde, luego existe.

Hay cierto apego que declina en una tozuda resistencia a salir de ese rincón en el que nos acomodamos casi de por vida. La cuestión es no mojarnos el culo ante la vida y su propia realidad.

Ante esas decisiones decisivas pero que no nos decidimos a decidir que decisión es la más acertada y, decidir en pie que esa decisión ya hace tiempo que debiera estar decidida y ejecutada.

Ya ves, una forma de laberinto lingüístico a modo de juego en el que sólo existe un solo ganador y, no es quien decide antes, sino quien decide mejor.

La vida no espera a nadie, ni mucho menos a ver como tú te lo piensas en si decides o no seguir adelante batallando contra tus propias indecisiones, ya que ellas mismas te enseñarán que no sirven para nada. Son carne para buitres.

La capacidad de decisión y su acertado disparo en toda la Diana, son el éxito asegurado de unas manos que jamás deben temblar ante las adversidades. Y no es tristeza…

Francisco Ortega Bustamante.  –  9 – 4 – 2019

HOY ES SAN VALENTÍN – PATRÓN DE LOS ENAMORADOS Y ENAMORADAS. – ARTÍCULO FOB.

13 Feb


Menudo nombre, para un día tan significativo e importante en la vida de una gran mayoría de habitantes de este insignificante planeta.

Es la verdad de toda persona que celebra su verdad, es el sentir de unos hacia otros, de igual modo que se llega incluso a perder la noción del tiempo, pensando en aquélla persona que verdaderamente significa algo importante para nosotros emocional y sentimentalmente.

Es acaso la celebración del amor por excelencia, la mayor motivación que este día nos ofrece como empujoncito para atrevernos a decir… “Te amo”, o como pretexto para reafirmar lo que ya sabemos que sentimos, o lo que sentimos y que ya sabemos, da igual, la cuestión es decirnos entre tu y yo la verdad de nuestra verdad.

Es además este un día, en el que los recuerdos afloran y brincan como las palomitas de maíz, pero en nuestro estómago. Como palomitas mariposas, o mariposas que con sus alas nos recosquillean al mirarnos o besarnos. Al recordar aquél primer encuentro con esos dos besos de rigor que jamás se borran ni con agua hirviendo. Al sentir tu mano cogida a la mía sentados en un cansado y anciano sofá y, diciéndonos tonterías como pretexto para ganar más tiempo juntos sin dejar escapar esas manos.

Las miradas de cada detalle. Las sonrisas que salen solas, o que se nos escapan porque no podemos controlarlas invadidos por la emoción de una especial experiencia que empieza su andadura. Es también un día en el se nos vienen encima recuerdos que casi habíamos olvidado pero que nunca se borraron, lo que ocurre, es que cada día crecen y crecen nuevas y diversas sensaciones, con mucha emoción, cariño y un inmenso amor que nos descoloca por completo.

Qué valiente este Cupido y, que certero con su flecha. Casi siempre acierta, o por lo menos cuando nos toca el amor de lleno y nos aumenta la intensidad en cada uno de nuestros sentidos, así pensamos en su grado de acierto diciéndonos que… “contigo y conmigo, si que acertó de lleno”.

Es este también un día de nervios, pues siempre esperamos algo uno del otro, da igual, algo. Lo mismo una pachucha flor robada en el jardín del vecino, tiene un gran significado de mensaje de amor muy superior a todas las flores del mundo, pues en ella va la sangre que provoca esa espina que se nos clava por amor. Es como un pacto de sangre. Como un sello rojo de amor. Como un corazón ensangrentado por ese acelerado ritmo que nos provoca lo que tú y yo sentimos en nuestra cercanía. Casi no hay palabras. Sólo miradas y decires con los gestos y, esos labios que no podemos controlar de ninguna de las formas posibles. Van por libre y desbocados a un encuentro batallador, intentando ganar esa falsa lucha en la que ambos quieren caer rendidos ante los labios del otro. Sin freno. Sin tiempo. Sin límites.

San Valentín, como ángel y asexual, no tiene preferencias entre hombres y mujeres. Dispara sólo al corazón del amor. Esté donde esté. Lo lleve quién lo lleve. No distingue países ni colores. No le importan las edades. Pues sólo pretende hacer dianas, muchas dianas…como la nuestra.
Este día, envuelve a todos de alguna forma, salpicándole con algo de su color rojo. El rojo pasión. El rojo energía. El rojo amor.

Puedes vestir las ropas que te apetezcan, pero en este día pensarás en rojo. El rojo de nuestros rostros sofocados por aquéllos momentos de fusión y erupción volcánica que derrite nuestros cuerpos y nuestros labios.

El rojo de la luz del sol en los atardeceres colándose entre nuestros cuerpos y nuestros besos. El rojo de nuestros ojos irritados por esas lágrimas derramadas por el amor que nos une y nos separa. El rojo de lo prohibido y peligroso. Pues no todas las personas son comprendidas y acertadas en lo que ellas entiendan como natural. Entonces…será el rojo crucifixión.

Da igual. Qué más da. Yo seguiré pensando en San Valentín. El seguirá disparando sus flechas de amor. Seguirá dando chispa y vida a esta leyenda o tradición. Nosotros seguiremos aferrados a la idea de sus aciertos, pues no creerán en el, aquellos que no se sientan tan enamorados como tú y yo. No me importa el color. Ya me da igual. No me importa que piensen que no existe el amor. Yo lo he vivido y lo vivo. Pues no debemos de olvidar el amor a todo y a todos. Pero tampoco olvides, ni el tuyo ni el mío.

“En un día como este, no hay que decir te amo. Mejor decirnos…te seguiré amando”.

Francisco Ortega Bustamante Febrero 2011.

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REFLEXIONES PARA COMPARTIR – FOB.

21 Ene

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NOVIEMBRE Y SU MAGIA OTOÑAL – ARTÍCULO Y GALERÍA FOB.

15 Nov

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Noviembre es el mes de los muertos, o no, quizá porque ya nos acostumbramos a verlo incrustado en la tradición de los tiempos.

Noviembre, es también otoño. Es fábrica de poemas. Unos bellos y otros tristes, pero salidos de ese otoño que nos emborracha con su belleza sin par, de ese otoño – digo – de mil colores y aromas, de magia entre montañas y paisajes, de sueños de mayores que viven el otoño de su vida. De esperanza forzada sin fuerzas en constante lucha por seguir soñando años de vida. Vivir unos cuantos otoños más.

Noviembre es una lluvia dorada de hojas caducas, pero que conforman una bella alfombra hecha poema que, te invita a tumbarte y fijar tu mirada más allá de las copas peladas de aquéllos árboles ya desnudos. Como el alma de un poeta casado con su pluma. Son compañeros de viaje con una sola maleta. Inspiración de otoño.

Noviembre es la antesala de la navidad. Es presagio de abrazos y lágrimas. De emociones colgadas en un árbol de mil colores. Es también, un momento de cambios, esos que necesitan las almas vivas, del mismo modo que lo hacemos con las almas de nuestros difuntos. Cambios tan necesarios para nuestras vidas, a modo de evolución para con nuestra existencia universal.

Noviembre, también es el mes del amor. Cierto. Es uno de esos momentos del calendario, en el que nos invade la nostalgia, también nos baña cierta tristeza, es entonces cuando bajo ese manto húmedo y otoñal, nacen los mejores poemas de amor, las más limpias sensaciones bañadas por la lluvia y sus aromas. Sus paisajes cargados de horizontes enamorados de ojos que lagriman o destilan amores que, como el otoño, también fueron caducos.

Noviembre ocupó el número 9 en el calendario romano (de ahí su nombre en latín), hoy es el número 11, son cambios que la historia nos ofrece en el tiempo. Nosotros también podemos cambiar muchas cosas en este mágico mes con unas pinceladas de colores de otoño, pero incluyendo en ese arco iris otoñal, el alma viva de lo bello, sin olvidarnos de nuestro poema de amor otoñal. No se lo digas a nadie. ¡Vívelo!

 

Francisco Ortega Bustamante.