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NO ME GUSTA…

25 May

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No me gusta vagabundear en la noche, pero si me entusiasma hacerlo con ella.

No me gusta tropezar torpemente en la oscuridad de la noche, pero si me gusta cubrirme con su manto celeste.

No me gusta el silencio de la noche, pero si me gusta escuchar la música del silencio.

No me gustan las oscuras sombras de las montañas, pero me envuelven sus aromas de madrugada.

No me gustan los senderos vacíos y solitarios, pero me dan la seguridad de no tropezar con nadie.

No me gustan las estremecedoras tormentas de la noche, pero las sigo como una droga embriagadora.

No me gustan las crecidas de los ríos cuando no les veo, pero si me gusta escuchar el sonido estrepidante de sus aguas.

No me gusta que me sigan en la noche, y mucho menos…. hasta las puertas de un Cementerio.

Francisco Ortega Bustamante 4-7-2006

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…y seguía cansado a cada paso pisado en el viejo camino… – (Fragmento de un trabajo de Francisco Ortega Bustamante)

20 Abr

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…y seguía cansado a cada paso pisado en el viejo camino. Algunas ampollas y rozaduras ya pintaban en color rojo sangre, como algunas de las muchas situaciones, en las que la vida, nos empotra contra la pared y nos pincha con su estilete de muerte.

A veces, alguien salva el pellejo. Así son los caminos de la vida, llenos de pequeños baches y de grandes socavones pero, si miras al horizonte de tu camino, se puede salir de todos para seguir caminando.

Ya no duelen las ampollas. No les haré caso ni a ellas ni a su sangre. Elijo seguir caminando, mientras pueda mantener el equilibrio en esta cuerda floja en forma de camino – digo – que nos lleva incluso mucho más allá de lo inimaginable…

“Tú eres tu propio camino”

Francisco Ortega Bustamante 3,19 h – 17 – 4 – 2018

EL DESPECHO – (Fragmento de una novela) – Francisco Ortega Bustamante.

12 Mar

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…y las piedras del camino, se metían entre sus dedos ya cansados de caminar casi descalza. Levantaba su mirada de cuando en cuando, para sentirse acompañada por las estrellas que brillaban en un firmamento que, le ofrecía abstractas figuras del miedo. Seres, quizá, que parecían revivir de la mitología griega. Gigantes, ogros deformes o dioses camuflados con los velos negros de la noche.

Sonia, arrastraba extenuada, ese liote anudado con algo de sus viejos ropajes como único ajuar en su vida, mientras miraba hacia lo alto de un mediano promontorio que arrancaba desde el mismísimo camino. Se detuvo al llegar a una curva que le cerraba la visión con unos cuantos ramajes muy leñosos. Sentía miedo a zambullirse entre las sombras más acusadas – si cabe – que las que ya dejó camino atrás.

Ascendió hasta la cima de aquél montículo, a través de un estrecho sendero que encontró, aunque más bien parecía pertenecer a los noctámbulos animales que buscan su alimento cada noche, dejando así un rastro de pisadas y tierra en blanco, haciendo que resalte en la oscuridad. Ella pudo verlo. Una vez arriba y, buscando una mejor visión que le orientara, rindiose ante el cansancio y la oscuridad que le asfixiaba. Durmió entre unos árboles y matorrales como improvisada cama.

El despecho de un amor truncado, fue el detonante que le hizo huir de su pequeña aldea en busca de aires de otras tierras, puesto que a veces, el amor no comprendido, puede ser el detonante de una explosión como la que estalló en su propio pecho. Muy dolida y vacía, anduvo por caminos y senderos sin brújula que le guiara. Las lágrimas eran también, sus compañeras de fatigas en cada día. Esas lágrimas que tienen la ternura del amor, son especiales y muy diferentes a cualquier otra lágrima. Salen del alma dolida como el zumo exprimido de cada uno de los sentimientos del propio ser. Eso que se entrega dando la vida en ello, pero que a veces – muchas – nos lo cortan de un tajo seco, cual catana afilada sin piedad.

Sonia estaba en ello y, sufría al mismo tiempo que eligió la huída entre las mismísimas tinieblas de la noche. Paso a paso y en cada pensamiento, se sentía más vulnerable ante la soledad de su propio corazón ya latiendo el vacío, pero también mucho más fuerte y aprendiendo de los desgarradores daños que en ocasiones y en absoluto silencio, puede producir el amor – quizá – mal llamado amor.

Al otro lado de aquél montículo – una vez llegado el día – encontró postrada a sus pies, otra pequeña aldea de no más de medio centenar de almas, pero una gran extensión de campo sin horizontes que le permitieran ver otra cosa, que no fuera aquél puñado de casas amasadas entre los propios peñascos nacidos de las entrañas de esa montaña.

Descendió entre aliagas, piedras y algún romero de buen aroma y gusto, en busca de algo que llevarse a la boca si aquéllas gentes aceptaban su presencia. Sabido es que, el hambre no tiene amigos y, se defiende a sangre hasta la última migaja de pan caída al propio suelo, a no ser que, le entres bien a alguien y se convierta en una especie de ángel custodio por propia naturaleza.

La recibieron entre un grupo de hombres y mujeres que, regresaban de algunas faenas en aquéllos campos, mientras caminaban entre el polvo blanquecino de esos milenarios caminos que nunca se sabe si van o vienen. Una vez llegados a un cobertizo en busca de sombra y descanso, compartieron algunas viandas con Sonia, ya que rezumaba un desmayo inminente que hablaba por si solo. Uno de los más jóvenes, hizo romper el silencio al preguntarle de su procedencia. Sonia, le miró a los ojos y guardó silencio. Sintió como una notable electrocución en todo su cuerpo haciéndola enmudecer por largas horas, como una sacudida que le atormentó tanto, que su confusión crecía sin encontrar respuesta alguna a lo ocurrido. Él, no dejaba de observarla en cada una de sus reacciones o movimientos. Tampoco mediaba palabra. Quedaron solos en aquél lugar de silencios caídos de los propios cielos. Como si las almas hubieran desertado de aquél extraño enclave situado en ninguna parte. Sus miradas por si solas se cogieron de la mano, mientras el ocaso aplastaba de nuevo otro día más, augurando una muy larga noche de pensamientos que estrujan el cerebro hasta la extenuación.

Salieron juntos sin intercambiar palabra alguna, emprendiendo uno de los caminos que les sacarían pronto de aquél amasijo de piedras y barro en forma de casas que una vez fueron. El camino sería también muy largo y difícil, pero, ¿Quién ha dicho que el amor tendría que ser fácil?

“Hay ocasiones en la vida, en las que al salir del túnel, te encuentras con esa luz que soñabas”. Sonia, quizá lo consiga en otro plano de la existencia del alma. Su alma.

Francisco Ortega Bustamante

28 – 2 – 2018

 

“TODA MUJER ES MADRE Y TODA MADRE ES MUJER” – FOB.

8 Mar

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Toda mujer es madre y toda madre es mujer, aunque existan movimientos confusos que, no sólo confunden por estar y ser confusos, sino porque en la mayoría de los casos, no saben o no quieren aceptar el lugar que les corresponde en la vida. Ser libres en todos los sentidos, pero ante todo, mujeres y madres. Cierto es que muchas no pueden serlo y otras reniegan de su condición. Ignoran, fumigadas por una sociedad desencajada, que su función en nuestras vidas no puede ser suplantada ni llevada a buen término sin ese “Alma Mater”.

Quizá mi confusión sea mucho mayor. Quizá haya que estriar lo antedicho y dividir en grupos o subgrupos a esta nueva inmensidad de formas de ver a la mujer que siempre fue.

Hay mujeres que tan sólo son mujeres. Unas lo son y otras lo eligen. También madres que sólo son madres. Unas lo son y también otras lo eligen. También hay mujeres que no quieren serlo – y no tiene nada que ver con su condición sexual – y otras muchas que darían el alma por ser mujeres en todos los sentidos. Quizá también, otras que fueron madres y se arrepintieron. Sus atrocidades no tienen vara para medirse. Otras muchas que hubieran deseado ser madres hasta lo más profundo de su propio ser. Mujeres, en definitiva, que sería necesario un gran abanico multicolor, para intentar encajar en él a la confusa y femenina sociedad – digamos – entender mejor el significado de la palabra “Mujer” con todos los valores, virtudes o cualidades que ello conlleva.

No quiero ni deseo olvidar a esas otras muchas madres que ya marcharon. Sí, esas que siguen siendo madres desde el infinito celestial. Esas que, cada noche se asoman junto a nuestra almohada para, besarnos desde su silencio y, volver a acunarnos con la vieja nana. Soñamos entonces cosas que no entendemos – o quizá –nos gustaría que fuera un sueño. Ese sueño que al despertar, la viésemos junto a nosotros en esa realidad soñada. Fueron madres de otro tiempo. Mujeres que no pidieron nada pero, lucharon en su silencio para alcanzar metas imposibles. Fueron entonces, también libres de elegir ser madres por propia convicción. Mujeres de las que ya empiezan a escasear, pero aún quedan. Madres – digo – de las que son eternas.

Esas mujeres que hoy son y están a la altura que les corresponde en una sociedad que ha evolucionado con ellas. Una sociedad – repito – que no sería lo mismo sin ellas.

“Esa mujer que me mira, es la madre que no pude ver, es, esa mujer que tuvo que viajar sin billete de vuelta”

Francisco Ortega Bustamante

POR SAN VALENTÍN – ARTÍCULO F. ORTEGA BUSTAMANTE

14 Feb

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Por san Valentín, siempre aparecen cupidos de pacotilla que, desean dar el pelotazo de su vida a ese amor de turno inventado, por la necesidad de presumir ante la manada. Sí, ese cupido de alas recortadas y bajos vuelos, que con una nota y una flor, termina siendo un perfecto capullo.

Ahora no deseo entrar en ninguna de las muchas versiones que se le dan a este santo, angelote o monaguillo, ni mucho menos en lo que en algunos escritos se recoge como más veraz, de lo que la historia de Valentín nos aporta. Seguro que mucho y bueno.

Es mi deseo entonces, exponer a mi aire, una forma o modos de ser un buen Valentín, antes que ser un mal “Cobardín”.

Siempre he tenido la total convicción de que la palabra hombre, es y significa algo mucho más elevado del uso que hacemos de ella, tanto es igual como en el caso de la palabra mujer. También pienso que, para eso hay que nacer y cultivarlo.

Cierto es que, en días tan señalados en la sociedad actual y, dado al alto nivel de consumismo en dicha fecha, es normal que también exista cierta rivalidad interna y silenciosa – aunque se nota – de pretender ser el mejor ante un supuesto compromiso firme o volantero, la cuestión es quedar bien según el nivel o categoría de nuestro regalo, aunque no importa en realidad lo material, comparado con el gesto sincero si lo hubiera.

Ahora sí, creo que es momento de exponer, según mi personal sensibilidad, algunos matices a este respecto en cuanto a la idea de ser o no un buen Valentín.

Lo primero que deberíamos dejar a un lado, es ese arco con sus flechas que, casi nunca aciertan, o saltan algún ojo sin queriendo, y me refiero, a que es muy frecuente, lanzar la piedra y luego mirar, o sea, un desatino por no pensar adecuadamente qué es en realidad lo que queremos o pretendemos y a quién, puesto que no siempre, la flecha se dirige a donde el resto cree que va, incluso a veces, alguien se cruza en el camino inesperadamente, cuando ya has disparado el arco. Ya no hay marcha atrás. Has dado en toda la diana, pero no en la que apuntaste al principio. Sí, es cierto que, por san Valentín, aumenta considerablemente el amor y sus estados de predisposición y liberación de, esos fluidos que nos ponen a buscar como si fueran los aromas de la mejor cocina de un buen restaurante, pero…ahí, no iba en principio esa flecha del amor. Ya ves, a veces logramos menos puntuación por dar en la diana equivocada, o no.

De cualquier manera que lo hagamos, si en realidad nos atrevemos, nos van a criticar igual, incluso nos tildan de cursis, antiguos o simplemente de un perfecto gilipollas, apoyándose claro está, en la prepotencia de una personalidad demasiado frustrada por fracasos anteriores, o simplemente, por ser más devoto de san “Cobardín”.

Tanto en el caso del hombre como en el de la mujer, es suficiente con tener la auto-convicción de ser fieles a nosotros mismos y nuestros principios y tradiciones – como es el caso – de todo aquello que nos aporta algo y nos permite aportar a los demás – sobre todo – aquello que espera de nosotros y, en un cuidado ejemplar que denote la delicadeza con la que se debe tratar a tan singular momento y persona, ya que detrás de cada ilusión, hay un corazoncito que late ansioso de ser estimulado, por un toque muy distinto a la puta monotonía que nos arrastra en cada día. De eso se trata precisamente, de cambiar todo en un segundo, para que sea único e irrepetible. Que sea como una batuta que se levanta en pie de guerra, para orquestar un puñado de sentimientos y matices, que sean capaces bajo esa batuta nuestra, de hacer sonar la música en un corazón que espera ser amado y sorprendido, al mismo tiempo que endulzado, pero ojo, no sólo es cosa de bombones y rosas, ni tampoco de una caricia o un beso, ni abrazos ni leches miles, sino más bien de ser sutiles.

De ser capaces de hacer llegar una melodía servida en bandeja de plata. El oro lo aparcamos por ahora. También colgantes, pulseras, pendientes y otras lindezas que dio la tierra. Es momento de palabras, de susurros y de la propia música del alma. Es esa mirada cómplice y enamorada. Es el roce de la piel. Es la escusa y el disimulo que nos lleva en el silencio. Nos arrastra como caballos desbocados sin herraduras que usurpen nuestro silencio en el sello de unos labios en su encuentro. Es, esas notas que rompen con sus caricias, desde aquél cómplice piano apostado en las almas que se unen. O esas cuerdas de guitarra que, lloran desde su emoción compungida, dando notas lacrimosas que brillan como un firmamento emocionado. Sí, esas cómplices miradas en las que se puede leer un lenguaje muy distinto a la puta monotonía que nos arrastra, repito una vez más, y nos dejamos. Somos masocas aún sabiendo que podemos cambiar el mundo.

“No es amor lo que siento, es rabia por no poder estar enamorado hasta el final de mis tiempos”

14 – 2 – 2018

Francisco Ortega Bustamante

 

LOS REYES MAGOS VISTOS DESDE OTRA REALIDAD

4 Ene
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Antes creíamos ciegamente en los “Reyes Magos”, o quizás, en que realmente pudieran hacer realidad nuestros sueños a través de la “Magia”, porque antes, conseguir un insignificante juguete… era un verdadero “Milagro”.

Hoy los niños, por lo menos la mayoría, tienen juguetes nuevos todos los días, y no importa el precio con tal de hacerles callar; antes, teníamos que callar siempre, y encima sin juguete.

Un cestito de caña, de los que hacía el “Pedro el Gitano”, lleno de “flores” (palomitas de maíz), y algunos chocolates o peladillas, eran suficientes para poder decir que te habían “hechao los Reyes”, y encima tenias que buscarlo bajo las camas, por cualquier rincón de la casa, o en la cuadra, escondido entre la leña y custodiado por los conejos, para que la impresión y el misterio fueran mayores.

Hoy, los regalos vienen en forma de estupideces cargadas de monotonia rutinaria y de cumplidos forzados, de ilusiones desgastadas por los años, pues siempre son las mismas y nunca se cumplen, pero yo, seguiré teniendo esperanzas, pensando, que si a mi no me llegan nunca, tal vez les pudiese llegar a mis hijos o nietos.

Es un poco duro tener que hablar de ésta forma, pero a veces me sirve como una gran válvula de escape…decir verdades.

“Os deseo la saludo como el mejor de los regalos”

Autor: Francisco Ortega Bustamante

OTOÑO EN CEHEGÍN – ARTÍCULO Y GALERÍA FOB.

16 Nov

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Existen paisajes de otoño y, otoños que te regalan bellos paisajes mientras se despiden hacia su letargo invernal.

Yo los veo y me recreo en su belleza infinita, como una verdadera estampa de naturaleza y vida, de sueños y poemas, de lienzos engendrados en óleos sin tiempo que, perpetúan esa imagen para siempre expuesta en el salón de nuestras vidas.

También intento atrapar dentro de si mismo, esos aromas que deja un otoño, como una estela de esa estrella fugaz que una noche pasó frente a nosotros. Larga y ardiente. Una noche otoñal en la que te da la impresión de culminar con esa estrella, el mejor de los deseos. Una noche de otoño que, mientras más fuerte se hace, mucho más le amas. No hay palabras – quizá – que sean capaces de describir lo que un ser puede llegar a dibujar en su lienzo de la noche, mientras respiras ese inconfundible aroma de naturaleza viva en todos sus sentidos. Algo que, se atesora como fuente de inspiración y de amor real a lo vivido. ¡Qué hermosa naturaleza!

A veces, los colores que nos ofrecen, resultan camaleónicos según las diferentes luces de cada hora, son cambiantes a lo largo del día y la propia noche, pues no en vano, hay lunas que engalanan aquello que el día no logró.

La poesía está escrita en cada hoja amarilla, también a lo lejos, sí, al fondo de esas alfombras de paisajes respaldadas por las grandes montañas, como guardianes del tiempo. De la vida. De los sueños y de esas esperanzas que a todos nos inundan – con alguna lágrima – esperando que esa estela de la estrella fugaz, nos permita ver un otoño más.

Francisco Ortega Bustamante.