Archivo | INSPIRACIÓN RSS feed for this section

NOVIEMBRE Y SU MAGIA OTOÑAL – ARTÍCULO Y GALERÍA FOB.

15 Nov

IMG_0939

IMG_1849-IMG_0941IMG_1861-IMG_0932

Noviembre es el mes de los muertos, o no, quizá porque ya nos acostumbramos a verlo incrustado en la tradición de los tiempos.

Noviembre, es también otoño. Es fábrica de poemas. Unos bellos y otros tristes, pero salidos de ese otoño que nos emborracha con su belleza sin par, de ese otoño – digo – de mil colores y aromas, de magia entre montañas y paisajes, de sueños de mayores que viven el otoño de su vida. De esperanza forzada sin fuerzas en constante lucha por seguir soñando años de vida. Vivir unos cuantos otoños más.

Noviembre es una lluvia dorada de hojas caducas, pero que conforman una bella alfombra hecha poema que, te invita a tumbarte y fijar tu mirada más allá de las copas peladas de aquéllos árboles ya desnudos. Como el alma de un poeta casado con su pluma. Son compañeros de viaje con una sola maleta. Inspiración de otoño.

Noviembre es la antesala de la navidad. Es presagio de abrazos y lágrimas. De emociones colgadas en un árbol de mil colores. Es también, un momento de cambios, esos que necesitan las almas vivas, del mismo modo que lo hacemos con las almas de nuestros difuntos. Cambios tan necesarios para nuestras vidas, a modo de evolución para con nuestra existencia universal.

Noviembre, también es el mes del amor. Cierto. Es uno de esos momentos del calendario, en el que nos invade la nostalgia, también nos baña cierta tristeza, es entonces cuando bajo ese manto húmedo y otoñal, nacen los mejores poemas de amor, las más limpias sensaciones bañadas por la lluvia y sus aromas. Sus paisajes cargados de horizontes enamorados de ojos que lagriman o destilan amores que, como el otoño, también fueron caducos.

Noviembre ocupó el número 9 en el calendario romano (de ahí su nombre en latín), hoy es el número 11, son cambios que la historia nos ofrece en el tiempo. Nosotros también podemos cambiar muchas cosas en este mágico mes con unas pinceladas de colores de otoño, pero incluyendo en ese arco iris otoñal, el alma viva de lo bello, sin olvidarnos de nuestro poema de amor otoñal. No se lo digas a nadie. ¡Vívelo!

 

Francisco Ortega Bustamante.

Anuncios

LA CUESTA – Francisco Ortega Bustamante.

25 Sep

lavia10016

Aferrado con fuerzas que van y vienen, casi como las riendas de caballos perdidos, me atrevo a adentrarme en los nutridos bosques de pinares, encinas y otras castas de esa flora que me envuelve en un dorado atardecer.

Persigo una meta que, aún arrastrando los golpes bajos de los baches traicioneros, así como, de las piedras escondidas que te asaltan al descuido, sigo en mi empeño avanzando hacia ese corazón selvático donde no existe ningún ruido, tan solo la paz y el silencio como mejores amigos.

En la soledad del claroscuro, hay instantes de nostalgia de otros tiempos que murieron con sus propios ocasos. Estos son nuevos. Son paridos por cada segundo de ese inmenso reloj de arena terrenal. Ese imaginario péndulo que no cesa. Viene y va.

Aquí abajo, se palpa la caricia de la brisa escondida entre arbustos que, con su aroma y color pardusco que huele a noche, te embriaga hasta bañar tus ojos con esas lagrimas que nunca queremos que vean, pero que son reales, necesarias y sobre todo fieles a nuestros propios sentimientos, así como a nuestro profundo dolor y a nuestra propia necesidad de ser humanos, aunque nos estemos engañando en cada segundo allá afuera, entre yeso y hormigón de una vida de mentira. De una vida de intereses sin más, vacía de contenido y sin entrañas.

Aquí, todo es verdad, como hace medio siglo, cuando apenas podía caminar, pero tenía que hacerlo, aunque la corta edad te gritara en el alma, en la noche. Aún recuerdo la tormenta de piedra junto a aquel pino, escondidos bajo el vientre de una burrita en medio de la nada, mientras los rayos besaban tus pies y los truenos retumbaban en tu alma. El miedo, en esos instantes, es simplemente un muñeco de trapo.

Sí, a veces el regreso a lugares que te marcaron de por vida, le dan cuerda de nuevo a ese tic-tac que de alguna forma vuelve a acelerar tu pecho, rompiendo el silencio del lugar como tambores lejanos. Respiras, y te alimentas del alma viva de la tierra que pisas, de las energías que te envuelven como lo hicieron en su tiempo.

En aquellos duros instantes que se clavaron en tus sesos a hierro ardiendo. He aquí el lugar como punto de partida, de aprendizaje, de escuela viva ineludible, de esas que, aprendes o mueres.

Siento rabia y coraje, impotencia al mismo tiempo, esa fuerte sed por beber de nuevo esas gotas que, bajaban hasta mi boca aporraceado por la canosa lluvia que una vez fue.

¿Oyes? ¿De verdad no les oyes? Es el grito de los fantasmas que siempre fueron, están aquí, lo juro, alguna vez les he visto, nos hemos mirado en la distancia muy cercana y, ahora gritan reclamando su espacio bajo la luna llena que, cabalga por las cumbres entre los troncos de los grandes pinos. Esos gigantes guardianes que vigilan desde lo alto ambas vertientes, que cabalgan una vez más en su silencio y, crean su música del viento al pasar por sus agujas. Ellos lo saben todo, son veteranos de guerra, de luchas contracorriente, y defenderse de los perros cobardes que les dan dentelladas de muerte.

Levantan sus hachas contra ellos, les hieren y les tumban, les despellejan vivos y, desnudos les arrastran ya sin vida lejos de sus cabalgaduras, de sus guardias, de sus lunas, de sus hermanos, de sus pájaros, de sus silencios. Les arrebatan la vida.

¿Pero que estoy diciendo, Dios mío? Ellos seguirán firmes y nosotros nos iremos, yo necesito verles allá arriba, donde siempre estuvieron, yo necesito quererles como a mi me quisieron, me dieron refugio, me amaron en el silencio y, con aquellas aguas de entonces mezclaron mis lágrimas en el suelo, para que no se note que uno es niño, es mejor ser un hombre bueno.

¿Has oído eso? ¿No? Es un beso. El eco en estos lugares de silencio, te devuelve lo que escucha, con ternura, con cariño y, con la luna como testigo. Ella siempre está ahí aunque no la veamos, por lo tanto no se va asustar por un beso de las hadas de la noche, de la magia de sus besos, que con sus alas de seda les lleva bastante lejos. Son portadoras de sueños. Eso dicen. Yo lo he escuchado. Lo dicen. Además lo he vivido, lo estoy viviendo.

La noche se cierne sobre mi cabeza de forma implacable, intentando filtrar el miedo en mi cuerpo, pero ella no sabe que mis huesos se forjaron en la noche tenebrosa. En la noche de los tiempos. Tiempos muy duros de hambre, de sed y de fuego, donde el abrazo no existía y el cobijo eran tus huesos.

No es que piense mucho en ello, ni tampoco sea un recuerdo, es algo que vive dentro.

Aquel camino que baja empedrado hasta su cuello, encierra mucho misterio, muchos secretos. Esa magia que le envuelve como veterano experto, escupe chispazos de historias que una vez ocurrieron. El las sabe, pero las guarda en silencio.

Dicen que hay una dama que vaga por sus senderos, que en las noches de luna se pueden ver sus destellos, su silueta y su pelo. La dama que allí murió asesinada en la cuesta, dejó un legado muy bello como bonita respuesta. Dar paz, dar luz y dar la mano a quien le cueste la cuesta. A quien necesite amor y, a quien pregone en la cima que ha encontrado una respuesta. Que ha hablado con ella.

Paisaje bello sin par, aromas que van y vienen, montañas altas, escarpados rincones, verdes espartizales, aromas de romero, huellas de jabalí y de hombres de medio pelo.

Allá arriba los piñones son tesoros, los madroños, borrachera que endulzan tu cuerpo y tu alma de primavera en otoño.

Con la boca ya endulzada, los besos saben a gloria, son dulces y secretos que, vuelan día y noche por los parajes de ensueño.

Quiero seguir soñando lo que vivo, o vivir lo que sueño, pero un beso en este punto y en su silencio, es un verdadero reto.

Un beso a quien me abraza. Naturaleza pura sin par, aquella que me vio de niño por primera vez caminar.

Aquí he conocido el miedo, pero más tarde la paz, de alguna forma el amor, que tendré que dejar volar.

Me quedo con los silencios, meditación y algunos que otros sueños, con el aire que respiro, con los deseos de vidas, unidas por un empeño.

También existe el lenguaje de las plantas, la energía del lugar, las caricias de la brisa y, el ritmo al caminar.

Es una forma de ver o vernos, de descubrir encantos eternos, que como el amor entre hadas, nunca deje de sorprendernos.

Viviré de ese modo de pensamiento, de fuerza, coraje y del viento, pero sobre todo, de lo que se y no cuento. Es mi despensa. Es mi alimento.

Francisco Ortega Bustamante.

LA TRISTEZA – ARTÍCULO FOB.

15 Sep

unnamed7e16a7e0dc89d9d1cd62fe69b475507ddepressaoetristeza750x410frases-tristes-virtuales-publicar-instagram-2imagenes-tristeza-frases-bonitas-descargar-10maxresdefault

LA TRISTEZA

A veces, nos asfixia la tristeza. A veces, también la confusión. La nostalgia de tiempos que no volverán. De momentos únicos, porque ya no podíamos ni podremos tener jamás una segunda oportunidad. Es demasiado tarde. No están.

Son, ese tipo de situaciones que, envueltas en papel emocional, nos convierten en un paquete que jamás viajará a ninguna parte. Como un dulce amargo. Sí, porque la esperanza también nos traiciona demasiadas veces en el deambular por la vida y, nos crea falsas ilusiones que nosotros ya hicimos como verdaderas. Un doble golpe bajo de esos que duelen de verdad pero, en el más profundo de los silencios. Esos silencios que se irán a la tumba con nuestros propios huesos mientras se cuentan sus verdades por un camino sin regreso.

Cierto es que llorar es necesario, bueno y muy aconsejable como una gran válvula de escape. A veces funciona. Otras sin embargo, se hacen demasiado complicadas, incluso nos producen una pesada y larga digestión que puede durar toda una vida.

Las emociones son así de hijas de puta. Podemos llorar de alegría o de tristeza, de dolor o de impotencia, de desengaño o desamor, que aunque parezcan iguales, no lo son. Esas emociones que nos llevan a levantar ánimos como castillos, pero que a poco se diluyen en nada, porque los castillos de arena son bonitos, pero al igual que los sueños, desaparecen sin más, dejándonos en el más profundo de los vacíos. Sí, así es la vida.

Esa vida, que todos dibujamos alguna vez con todos los colores de nuestro estuche, pero que se nos olvidó que el negro también estaba. Y eso que dicen, que el negro no es un color, pero existe. Hay días, demasiados quizá, en los que vemos todo demasiado negro. No es pesimismo, es, la vida.

También existe el color blanco como una forma de equilibrio universal entre ambos, pero que cuando nos coge el tren, lo único universal que vemos, son estrellas, que están demasiado lejanas, como para alcanzar nuestros sueños. Estamos rotos de tanta mentira. De dolores que nunca contaremos. De personas con nombres que no deberían ostentar. No se lo han ganado, ni tampoco cada bocado de pan. Sé de lo que hablo y ellos lo saben. Todos lo sabemos. Es muy triste y lamentable, pero ahí están cada día a cada hora y en cada paso. No me gustan las sonrisas embusteras. Abundan como una plaga muy peligrosa. Como la marabunta que destroza todo a su paso, sin importarle la magnitud de su destrucción. El odio es peor aún.

No es esta, precisamente, una agradable reflexión, pero es, insisto, precisamente, la que sale de otra reflexión muy profunda del avatar diario, ese que te obliga con frecuencia, a espantar a los necios a guantazos, pero como las moscas, ya están acostumbrados a ser rápidos esquivando en beneficio de su propia supervivencia. Sí, a veces nos inunda la tristeza.

Nunca me gustó que me echaran el brazo por encima de mis hombros, jamás. Ellos saben quienes son, yo también. La tristeza nunca viene sola, siempre trae emparejada con ella, algún lastre demasiado pesado que, aún no hemos conseguido arrancarlo de nuestra propia piel. De nuestras entrañas mismas. Sí, esos falsos brazos que aprietan el cuello creyendo que eres tonto. ¡Insulsos! Me dais lástima. Es propio y natural que, corazones buenos, puedan sentir lástima por aquéllos seres que carecen del mismo, haciendo daño por necesidad para su supervivencia. Somos su alimento. ¡Qué lástima! ¡Qué tristeza!

Demasiadas veces, quizá, echamos en falta a esos seres que ya marcharon y, lo hacemos con tristeza sana, de esa que sale del alma, de esa que es limpia como cada lágrima que fluye de ese sentir tan lejano. Somos cuando sentimos. Los que no sienten, no son.

He decidido aparcar la pluma por ahora. Sigo pensando en la tristeza, también en quienes no saben vender otra cosa. La tristeza del amor está demasiado lejos para quienes no saben lo que significa. El amor a todo. El amor a sí mismos, a lo que hacemos o creamos con el alma abierta. A lo que damos a todos sin pedir nada a cambio, aunque nos machaquen constantemente con la envidia, el odio y el terror de tenerles cerca. Simplemente son seres sin alma y sin ganas de tenerla. Todos lo sabemos. ¡No quiero contagiarme!

Las lágrimas brotan como un diminuto manantial que, ha explotado sin más, porque la emoción, a veces, entristece todo nuestro ser. Porque alguien se ha marchado, o alguien tiene un corazoncito muy tierno que, apenas ha empezado a latir. No deseamos la tristeza, pero existe. A veces, sin buscarla, siempre hay alguien que se encarga de servírtela en bandeja para que no te falte.

Para mí, la tristeza es, una forma de vida, es compañera y amiga, me cuida y me mima, me habla en la oscuridad y en el silencio, y nos contamos secretos. No es mala, es…triste.

 Francisco Ortega Bustamante.

 

CUERPOS EN PIEDRA – ARTÍCULO FOB.

26 Jul

beso_brancusi

d1da04091619c316d359d154d4c1cffc

…pues claro que retorcía su cuerpo como una serpiente que, al mismo tiempo, estrujaba el mío con su estremecedor abrazo de muerte. Muerte en vida. Su vida. Parecía una estampa en el tiempo. Una situación esculpida en piedra, para que sea eterna. Tanto como el amor de quien esculpe sus propios sentimientos y los entierra en un inmenso bunker para que nadie rompa la magia. Un tesoro indescriptible. Los egipcios lograron guardarlos hasta la otra vida. Les buscaré cuando llegue.

No es locura, o quizá pudiera serlo. Quién sabe. Cuando entre dos seres se pierden las riendas del tiro que nos mueve, los sentimientos salen como caballos desbocados, para adentrarse entre la más espesa selva algodonada por la intensa niebla que la envuelve. Es como si las almas errantes, buscaran un inmenso escudo que les proteja de la insolente persecución de lo carnal, con largos colmillos deseosos de sangre seca. No puede existir sangre en la piedra esculpida. ¡Que se jodan!

Esos cuerpos quedarán abrazados a sus propias piedras, mientras que el martillo del hombre no rompa las puertas de lo oculto. ¡Sólo el hombre!

 

25 – 7 – 2018                                                     Francisco Ortega Bustamante

EL “65” – LA MAGIA DE UN NÚMERO – ARTÍCULO FOB.

13 Jul

taza-la-vida-empieza-a-los-65-anos15568554-birthday-candles-showing-nr-65

I

Es cierto, que la vida tal y como la conocemos, o nos la han hecho ver, además de dividirla con ciertos repartos a la tarta según los comensales o, según las preferencias de quien parte la dichosa tarta, se nos ofrece ya un condicionamiento de por vida, ya sea en días, meses o años, y no hablemos de la importancia que tienen los minutos o segundos – incluso – hasta las milésimas de segundo – digamos – esas que están ahí para que no te de tiempo a reaccionar, pero siguiendo lo establecido por – quien de alguna manera – timonea nuestras vidas.

Si en realidad hiciéramos un juicio real, minucioso y preciso de nuestras vidas, lo mismo explosionaríamos descomunalmente, al darnos cuenta que no cuenta, o quizá, no ha contado lo suficiente como para que podamos decir abiertamente que la hemos vivido. Tan sólo, recuerdos vagos o puntuales. Otros pensarán que sí, puede ser, o no. La realidad es otra.

Lo cierto y verdad es que, a lo largo de los años, se acumulan muchas experiencias, tanto propias como del resto de testimonios o confesiones después del tiempo. Sí, una vez que has saltado el “65”, ese número mágico al que todos deseamos llegar buscando un descanso de sueño, pero que en muchas ocasiones, se han encontrado con un sueño eterno para el descanso.

No es pesimismo, es una constante y latente realidad de la que no nos gusta hablar, pero que indudablemente, la tenemos mucho más en nuestra mente cada segundo, como si en realidad nos convirtiéramos ya, en guardianes permanentes de aquéllos trocitos o migajas de tarta vieja. Aquélla que una vez cortaron para nuestras vidas. Casi todas las tartas tienen fecha de caducidad.

La vida, a veces, si que nos puede ofrecer verdaderos manjares, también grandes oportunidades de ser un poco mejores y algo más felices en el tiempo, ¿pero qué tiempo? ¡Siempre pasa volando!

Cierto es que, una vez que el “65” empieza a formar parte de nuestro pasado – quizá – nos tranquilizamos en pausas temporales que nos aporten nuevos brotes preñados de chispazos de vida. Sonrisas de verdad bajo la solera del tiempo. Como el buen vino.

Caminar sin prisas ni empujones. Leer sin que nadie nos hacine las letras hasta emborrachar nuestras mentes ya en estado jubilar. Pisar la hierba de los campos entre el sosiego y los aromas de juventud adulta. Sí, esa que te permite apreciar y valorar en su justa medida los pequeños detalles y, hasta donde pueden llegar a engrandecernos, como un merecido premio a los números mágicos.

Siempre he dicho – y lo repito – que la vida es la mayor hija de puta que existe, ya que nunca te regala nada, más bien te quita, y si quieres algo de ella, te lo tienes que conseguir por tus propios medios, y si alguna vez te da algo, casi siempre es la muerte.

Hay diversas formas de muerte, pero al final siempre gana la de la guadaña. Otra hija de puta que siempre se lleva a quien más necesitamos o, a quien ni siquiera ha empezado a vivir. Jamás conocerán al “65”.

Sin duda alguna que, una vez vencido el número y su significado, también vamos a por todas, o por lo menos, intentamos ser lo que siempre hemos querido ser, pero que nunca pudimos serlo porque nos anularon hasta cumplir la condena del “65”. ¡Ya estáis en libertad para hacer lo que os de la gana, pero daos prisa!

Es – digamos – una forma de ver la vida con un poco más de frialdad, profundidad o pura realidad, esa que casi nadie quiere tocar, o que simplemente, le dan la vuelta como a la tortilla de patatas, así, al poner lo quemado hacia abajo y la cara buena hacia arriba, parece que va estar mucho más rica y sabrosa. Algunos han comprobado muchas veces que, las apariencias engañan, pero sonríen para que encima no se les note que, también se habían quemado la lengua con esa tortilla de dos caras. La vida.

II

En este preciso instante, acabo de alcanzar al “65”, no sé si celebrarlo de alguna manera compartida con el silencio y la paz que me acompañan, o regar la magia de ese número con unas cuantas lágrimas de emoción, memoria, nostalgia, recuerdos y miles de sueños que jamás se cumplirán. Sueños que, no son sólo míos o para mí, ya que en realidad, también existen corazones grandes y pequeños corazoncitos, que desean ver muchos más números colmados de arcos iris para sus vidas. Es una forma de esperanza mutua. De felicidad sin cortapisas. Una necesidad en la que todos pensamos.

La vida da para todo, pero hay momentos – demasiado prolongados a veces – que se hacen muy difíciles de digerir, golpes demasiado fuertes y duros, que son para toda la vida, y jodidamente, nos pasa a todos en mayor o menor grado, pues a cada uno le duele lo suyo. También muchas alegrías o no. A veces, el destino que nos toca, también es demasiado cabrón. No perdona.

Acabo se sacar y poner sobre mis manos, los pinceles con los que trabajara – incluso – después de elaborarlos con sus propias manos, Francisco García Arévalo, creando sin duda, verdaderas obras a lo largo de su dilatada entrega a este arte, con lo cual, he decidido – aunque de un modo imaginario – utilizar sus pinceles para que de forma animada, puedan dar algo de color a mi vida. A nuestras vidas, y como no, también a ese número “65” por el que pagamos tanto dinero al cabo de nuestras vidas, pero que siempre se lo llevan quienes han cortado la tarta.

Una vida injusta impuesta por el hombre y para el hombre. Un autocastigo de rebaño. Un descaro que jamás veremos porque siempre miramos hacia otro lado o agachamos la cabeza. Siempre callaremos por un “65” que cada día está mucho más lejos de alcanzar.

Son las 0,39 h del día 13 – 7 – 2018

Francisco Ortega Bustamante

“TÚ ERES LA HISTORIA Y LA PALABRA”

2 Jul

DSCN5196-.jpg

Las palabras, cuentan historias. Hay historias sin palabras. Existen palabras que, dichas en el momento oportuno, ya son historia en si mismas. A veces, buscamos palabras para hablar de especiales historias y, no hay forma de encontrarlas. No existen. No están hechas ni atrapadas en ningún diccionario. No ha habido pluma que fuera capaz de escribirlas. Ahora tengo un grave problema para describirte y, mucho más – si cabe – para decir lo que siento ante una presencia desplomada de un cuadro abstracto, ahí, esparcida entre ladrillos de barro viejo. Incluso entre las viejas piedras de un anciano claustro inventado en medio de la nada. Una obra de arte que, según se mire, seguirá siendo abstracta en su belleza de lo incomprendido.

Te he reconocido al pasar junto a ti casi sin darme cuenta, pero un fugaz efecto boomerang (bumerán), me ha hecho retorcer mi pescuezo, para encontrarme de nuevo con ese arponazo que disparan tus ojos sin piedad ni regodeos. Eres como la muerte más dulce y silenciosa. Matas con tu presencia. Pero nadie lo sabe. Yo sí, y lo sabes; claro que lo sabes.

Eres esa muerte viva que, primero la das y luego la quitas. Sí, esa muerte que consigue crear adicción a ti como si fueras una potente droga. Mereces la pena, o no, porque eres vida y muerte. Eres luz y oscuridad. Eres alegría y tristeza. Eres el equilibrio que desequilibra. También eres lo que me gusta que seas. Eres sueño de letras. De palabras abstractas como tú. Eres incomprendida al mismo tiempo que, demasiado confusa, entre los pilares de una vida demasiado desgastada y herida, por esas otras palabras vomitadas para ser el veneno letal de cada día. Pero sigues estando viva aún siendo muerte.

Criatura. Sí. Criatura de mandamiento. Criatura de labios surcados por la sin piedad. Criatura con ojos que no lloran porque ya no quedan lágrimas de aquéllas de poco precio. Ahora son como diamantes demasiado caros como para permitir que caigan al suelo. Tú les has puesto precio a tus lágrimas. También a las mías y, a las de cualquiera que sepa leer el diálogo de tus ojos, ese lenguaje que fluye desde lo más profundo del silencio. Necesito poseerte infinitamente y, retenerte en la gloria de mi gloria, esa que tanto he ansiado sin saber qué andaba buscando. Ahora me he encontrado contigo y, he creído entender lo que en realidad es imposible lograrlo. No hay palabras. No hay historia si no se puede explicar ni escribir. Pero tú estás ahí, justo ante mi alma que, ha dejado mi cuerpo en el lecho para crear su gran evasión, estar en ti como una sola. Como una fusión sin palabras. Ya no me hacen falta. Ya te tengo.

Ahora no se si existo o no. Tampoco se que hago aquí con una pluma que apenas puede escribir. Pero de lo que si estoy totalmente seguro, es que tengo una historia, pero no tengo palabras.

“Tú, eres la historia y la palabra”

Francisco Ortega Bustamante……….16 – 6 – 2018 – 2,09 h

NO ME GUSTA…

25 May

SiemprequedalaPalabra-Nocheherida-02-01-426x380Frases-sobre-el-silencio-frases-de-2luna-noche

No me gusta vagabundear en la noche, pero si me entusiasma hacerlo con ella.

No me gusta tropezar torpemente en la oscuridad de la noche, pero si me gusta cubrirme con su manto celeste.

No me gusta el silencio de la noche, pero si me gusta escuchar la música del silencio.

No me gustan las oscuras sombras de las montañas, pero me envuelven sus aromas de madrugada.

No me gustan los senderos vacíos y solitarios, pero me dan la seguridad de no tropezar con nadie.

No me gustan las estremecedoras tormentas de la noche, pero las sigo como una droga embriagadora.

No me gustan las crecidas de los ríos cuando no les veo, pero si me gusta escuchar el sonido estrepidante de sus aguas.

No me gusta que me sigan en la noche, y mucho menos…. hasta las puertas de un Cementerio.

Francisco Ortega Bustamante 4-7-2006